Sr. Director:
José Antonio Kast llegó a La Moneda prometiendo orden, verdad y reparación para quienes sufrieron el injusto ensañamiento del sistema judicial contra las Fuerzas Armadas y de Orden. Durante años construyó su imagen como el candidato que se atrevería a lo que otros no: terminar con el trato humillante a los militares condenados por casos ligados a derechos humanos, muchos de ellos ancianos que cumplieron décadas en prisión. Sin embargo, ahora como presidente, su discurso en la región de Atacama reveló una preocupante marcha atrás.
Durante un conversatorio ciudadano en el marco del programa ‘Presidente Presente’, en Copiapó, Kast afirmó que “no hizo una promesa absoluta de indultar a todas las personas” y que tiene “la conciencia tranquila”. Peor aún, se limitó a criticar la mezcla de poblaciones en Punta Peuco y habló de “ordenar” la situación, sin anunciar un plan claro y decidido de indultos masivos o liberación de los prisioneros militares.
¿Dónde quedó el compromiso con quienes confiaron en él para cerrar esta herida?
En campaña, el mensaje fue inequívoco: se hablaba de revisar las condenas, de indultos humanitarios amplios, de terminar con la persecución política contra uniformados que defendieron a Chile del terrorismo y el caos. Sus seguidores entendieron claramente que, bajo su gobierno, Punta Peuco dejaría de ser un símbolo de venganza y se procedería a liberar a quienes, por edad y salud, ya no representan ningún riesgo.
Hoy, en cambio, Kast se escuda en que “nunca prometió indultar a todas” y prioriza un supuesto “consenso” de cárceles separadas, pero sin dar el paso decisivo: usar con valentía la facultad presidencial de indulto.
Esta tibieza es especialmente grave. Mientras delincuentes comunes, narcotraficantes e inmigrantes irregulares gozan de beneficios y salidas tempranas, los militares condenados —muchos con más de 80 años— siguen sufriendo un encierro indigno.
Kast criticó correctamente la decisión de Gabriel Boric de mezclar las poblaciones, pero eso no basta. No se trata solo de separar recintos: se trata de liberar a quienes ya pagaron con creces y cuya permanencia en prisión se ha convertido en un acto de revanchismo histórico.
Los indultos humanitarios no son un capricho; son un acto de elemental justicia y compasión. Kast tiene la facultad constitucional para ejecutarlos de manera amplia, como han hecho otros presidentes antes. En lugar de eso, opta por la prudencia política, el “caso a caso” y frases que tranquilizan su conciencia, pero decepcionan a su base. Esa misma base que lo llevó a la presidencia esperando un quiebre real con el relato de izquierda instalado durante décadas.
La mano dura que promete Kast contra la delincuencia actual pierde credibilidad cuando, frente a los prisioneros de Punta Peuco, aparece la mano blanda del cálculo político. No se puede predicar orden y justicia selectiva. O se defiende con consecuencias a los hombres que dieron todo por Chile en los años 70, o el discurso se revela como mera retórica electoral.
Señor Presidente: sus seguidores no votaron por “conciencia tranquila”. Votaron por coraje. Cumpla con lo que la gente entendió en campaña. Libere a los prisioneros militares de Punta Peuco antes de que sea demasiado tarde para muchos de ellos. O la historia no le perdonará su tibieza disfrazada de prudencia.
Jorge Ravanales Arriagada








