Señor director:
Cada crisis internacional esconde un tema en el que poco se profundiza: la fragilidad de las pymes ante los shocks externos. Cuando sube el dólar o el precio de la energía, muchas de ellas ven aumentar sus costos de forma inmediata, especialmente en sectores como transporte, comercio o manufactura, altamente dependientes de insumos importados.
La incertidumbre económica suele encarecer y limitar el acceso al crédito justo cuando las empresas más necesitan liquidez, debido a que las cadenas de suministro y los flujos de pago pueden verse fuertemente afectados.
¿El resultado? Más presión sobre los márgenes, menor capacidad de financiamiento y un escenario cada vez más difícil para sostener la operación.
En un mes de gran actividad para las pymes como lo es marzo —cuando muchas veces se juegan parte importante de los ingresos del año—, el desafío es, más que reaccionar a la crisis, construir resiliencia mediante planificación financiera, diversificación de proveedores y políticas estrictas de riesgo en la venta a crédito. En escenarios globales volátiles, la liquidez deja de ser una ventaja y pasa a ser una condición básica de supervivencia.
Hans Huber











