SEGURIDAD EN MAIPÚ. ¿EN LAS MANOS DE QUIEN?

La crisis de delincuencia que atraviesa Chile exige respuestas contundentes. Si bien la Constitución delega la responsabilidad de la seguridad pública en el Estado, los municipios han creado y asumido históricamente un rol preventivo vital para proteger a sus vecinos, adaptándose a las características de cada territorio. Sin embargo, la brecha entre la promesa de seguridad y la realidad operativa en la comuna de Maipú resulta, por decir lo menos, alarmante.

La noche de ayer, 23 de julio de 2026, desnudó la profunda precariedad de nuestro sistema. Una decena de vehículos de la Dirección de Prevención de Seguridad Ciudadana (DIPRESEC) inició su ronda bajo la lluvia con una falla operativa inaceptable: salieron a patrullar sin comunicación interna. Es decir, sin radios para conectarse con la central y recibir los llamados a procedimientos. Los patrulleros, equipados apenas con botas de agua y reclamando implementación básica: una capa para el agua.

Iniciaron el turno quedando a merced de sus teléfonos celulares personales para intentar coordinar posibles problemas de seguridad personal. Resulta escalofriante imaginar el escenario si la delincuencia se hubiese enterado de este grave problema de incomunicación interna.

Mientras esta negligencia ocurría, la delincuencia en Maipú no se detuvo. Asaltos, choques y otras urgencias seguían su curso, con patrullas impedidas de concurrir oportunamente al no ser notificadas.

Un dramático ejemplo fue el atropello en la intersección de Irarrázaval con Pozo Almonte entre las 06:00 y las 07:00 de la madrugada, donde una mujer que se dirigía a su trabajo resultó gravemente herida al ser atropellada por una camioneta. La ambulancia, alertada por Bomberos (Alerta 10.3.1) recién a las 07:00 horas, evidenció las fatales demoras del sistema.

El conductor involucrado esperó en el lugar, demostrando una integridad humana destacable en medio de la fría madrugada, pero la imagen posterior de los vecinos lavando la sangre en la calle es una metáfora cruda de una comuna que, a ratos, parece abandonada a su suerte.

¿ESTAMOS PREPARADOS PARA UN COLAPSO MAYOR?

Si una noche de lluvia colapsa la coordinación de nuestras patrullas, ¿estamos realmente preparados para una catástrofe mayor como un terremoto?

Estos hechos obligan a plantearnos una interrogante crítica: si una contingencia menor deja a los equipos aislados, ¿estamos preparados para una emergencia a gran escala, como un terremoto donde todo colapsa?

La respuesta salta a la vista, no existe un Plan “B” para esa emergencia técnica. Ya no están en servicio los clásicos walkie-talkies o transceptores que permitirían a las autoridades socorrer a la comunidad. Ante un desastre mayor, que no esperamos ocurra, pero sabemos que estamos ubicados territorialmente en el  “cordón de fuego del Pacífico”, en esa instancia Maipú se quedaría en silencio.

POLITICOS  DEMAIPU EN DEUDA

Detrás de este abandono asoma una clase política y dirigencial en profunda deuda.

Hasta la primera década de este siglo, concejales y alcaldes se preocupaban activamente, denunciaban en el concejo y buscaban soluciones. Eran tiempos en que el municipio adquiría motos para Carabineros bajo el compromiso de patrullar nuestras calles; tiempos de cuarteles móviles y compras de vehículos policiales con recursos propios. Incluso las cámaras de vigilancia, que hoy apenas sirven para grabar quién robó sin amedrentar al delincuente, fueron en su momento solución y fue fruto de la búsqueda de ideas ciudadanas.

Faltando dos años para la nueva campaña de alcalde, donde se viene al recuerdo la contratación de 51 vehículos para dar la sensación de seguridad a la ciudadanía, pero después de saber que hay informaciones presidenciales de “metáforas”, hoy en el análisis más parece que una operación de inteligencia para cazar incautos.

Pese a todo, es justo reconocer el sacrificio de los conductores municipales, quienes, yendo de a uno por vehículo y arriesgando su integridad por vocación, logran transmitir un mínimo de tranquilidad cuando consiguen llegar a los vecinos afligidos.

La dirigencia social actual parece carecer de imaginación y voluntad. Ya no existen los concejos municipales en terreno solicitados por los vecinos para buscar soluciones prácticas o ejemplos de solución que la clase política debe traducir y encausarlas para al menos mostrar interés en quienes representan.

Hoy, quienes están en el poder local se limitan a decir “apruebo”, a quejarse del Gobierno y a mirando el desarrollo de los hechos culpando al poder central. Sin duda se echa de menos la creatividad vecinal y la política local auténtica.

Maipú necesita de manera urgente qu8e despierte la clase política y se deje de pelear por poderes internos, nuevos dirigentes sociales no alineados que busquen soluciones colectivas para mejorar la calidad de vida de un Maipú que, imperativamente debemos revivir.

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