Dentro de muchas canciones de Joan Manuel Serrat, existe una que cada vez que la escucho, la relaciono con situaciones de la vida cotidiana y la contingencia social. Su título es, “Sería Fantástico”, en la cual esparce deseos que muchos alguna vez hemos querido que se cumplan.
Aquí van solo algunos versos de esta buena canción:
Sería Fantástico:
Que hoy hiciera un buen día,
Que no hubiese nada urgente,
Ir por la vida sin cumplidos
Llamando las cosas por su nombre
Sentirse bien tratado
Que no perdieran siempre los mismos
Que ganara el mejor
Que la fuerza no fuese la razón
Poder ir distraído sin correr peligro
Estos son solo algunos de los versos, cada uno de ellos invita a reflexionar y dan argumentos para desarrollar otra canción, sin embargo, hay algunos que en forma inmediata las relaciono con la realidad que se vive en la sociedad chilena y en otros lugares, como:
Llamar las cosas por su nombre.
Sería fantástico que, al corrupto se le dijera corrupto, asimismo, por su nombre al: ladrón, mentiroso, sinvergüenza, estafador, incapaz, acosador, discriminador, aprovechador, dictador, torturador, asesino, cobarde, etc. aun cuando fuese amigo, familiar, vecino, funcionario público, adherente de una tienda política, empresario, militar, policía, diputado, senador, ministro o presidente. Sería fantástico que los medios de comunicación y personas citaran con el adjetivo preciso el ilícito cometido, sin relativizar según el vínculo o estrato social al que pertenece el causante. Sería fantástico que la prensa lacaya del poder asignara los nombres precisos y no encubriéndolos bajo conceptos como: accidente, error, imprudencia, desconocimiento, casual, fuerza mayor, hecho aislado, descuido, urgencia, presión y cualquier epíteto que tienda a justificar o suavizar la acción delictiva, dependiendo de quien sea y contribuyendo a la normalización de prácticas que socavan la confianza.
Sentirse bien tratado.
Sería fantástico sentirse bien tratado en la vida cotidiana, en la calle, en el hospital, el transporte, el banco, en la comisaría, en la farmacia, en el municipio, en el trabajo, en los servicios públicos y privados. La cordialidad, la amabilidad, el afecto, y el respeto se echa de menos a medida que pasa el tiempo; pareciera ser que las preocupaciones personales derivadas del diario vivir como el trabajo, el sueldo, la pobreza, las deudas, la desigualdad, la inseguridad, falta de vivienda digna, costo de la vida, la injusticia, como también, el confort, la opulencia, el status elevado, la posición privilegiada, el poder, todos derivan en una concentración profunda en los propios pensamientos, desentendiéndose de lo que ocurre en el entorno, sin que importen “los demás”, y terminando en un individualismo moldeado por el sistema en todos los sectores sociales, impidiéndoles expresar un buen trato hacia sus semejantes. Sería fantástico que algo cambiara y nos tratáramos mejor.
Que no perdieran siempre los mismos.
Sería fantástico, que no fuesen los vulnerables quienes siempre pierdan y paguen todo lo que los poderosos marginan beneficios a su haber cuando se coluden para cobrar mayores precios del que corresponde sobre productos básicos; que no sean los mismos los que sufren en forma inmediata en las crisis o catástrofes por tener trabajos informales, con bajos ingresos y sin ahorros para enfrentar el diario vivir, que no sean los mismos en ser discriminados por su apariencia, origen, género, orientación sexual, religión, edad o discapacidad, que no siempre pierdan los mismos al ser descartados en los concursos en la administración pública por no pertenecer a determinadas tiendas políticas.
Poder ir distraído sin correr peligro.
Sería fantástico, caminar tranquilo por cualquier lugar, poder ir distraído y no verse afectado por asaltos de delincuentes de la calle ni de los de cuello y corbata, no preocuparse por un abordaje, lanzazo, portonazo o fraudes de empresarios, honorables parlamentarios, alcaldes y autoridades públicas que merman los recursos del estado robándoles a toda la ciudadanía; estar distraído sin preocuparse por la posibilidad de ser estafado por las empresas que falsifican productos, mienten en la publicidad, expertos en elusión y evasión y no cumplen con las normas ambientales, ir distraído sin tener que descubrir la letra chica de las leyes que aprueba la clase política suponiendo beneficios que señalan universalidad y que se convierten en beneficios solo para un segmento.
Que ganara el mejor.
Sería fantástico, que siempre ganara el/la mejor y que no se “arreglaran” las postulaciones a un trabajo, el acceso a la vivienda, los ascensos, las becas, los partidos de fútbol; sería fantástico que se eligieran los hombre y mujeres de verdad en la contienda para ser diputado, senador o presidente, que fuesen los mejores y no los embaucadores en base a los aportes millonarios que reciben en las campañas para después devolverlos con sus votos en el congreso, otorgando privilegios; sería fantástico que se eligiera a un presidente de la república por su intelecto, sabiduría y perfil de estadista y no para evitar que sea elegido “otro u otra”.
Que la fuerza no fuese la razón.
Sería fantástico que no fuese la fuerza declarada mediante la guerra, dictaduras, violación de los derechos humanos, invasión, crímenes de niños/as y mujeres inocentes, la que se imponga como mecanismo de control político imponiendo la “razón” del más poderoso y que la fuerza no fuese escudo para someter a gobernantes que deberían defender la dignidad de sus ciudadanos cuando son agredidos.
Sería fantástico que los versos de Serrat dejaran de ser solo una canción y pudiesen convertirse en una realidad donde impere la verdad, honradez, el respeto, la transparencia, y que la justicia en todas sus expresiones sea como se denomina, justicia.
Pedro Alexi Aguirre Moya

