Desfile planetario de Mercurio, Venus, Júpiter y la Luna: un espectáculo visible desde Chile

Los tres planetas y el satélite natural coincidirán durante las tardes del 16, 17 y 18 de junio en el cielo, siendo posible observarlos a simple vista sin necesidad de instrumentos ópticos.

 Durante las tardes del martes 16, miércoles 17 y jueves 18 de junio se producirá un fenómeno conocido popularmente como “alineación planetaria”, ocasión en que la Luna, Mercurio, Venus y Júpiter serán visibles en una misma franja del cielo poco después de la puesta de Sol.

 

Catalina Casanueva, Investigadora Adscrita del Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines – CATA (Centro Basal de ANID) y doctora en astrofísica de la Pontificia Universidad Católica de Chile (UC), explica de qué se tratan estos eventos astronómicos y las mejores condiciones para su observación.

 

¿Qué es una alineación planetaria?

Una alineación planetaria es un efecto de perspectiva. Aunque los cuatro astros parecen reunidos en una misma franja del cielo, en el espacio están separados por distancias enormes: la Luna estará a unos 361 mil kilómetros de la Tierra, Mercurio a unos 120 millones, Venus a 171 millones y Júpiter a 914 millones. La cercanía aparente depende únicamente de nuestro punto de vista.

 

La zona por la que se mueven estos cuerpos celestes se llama eclíptica y su origen está en la formación del Sistema Solar. “Hace unos 4.600 millones de años, el Sol y los planetas surgieron de un disco giratorio de gas y polvo, y sus órbitas conservaron ese plano común. Por eso, vistos desde nuestro planeta, siempre se proyectan sobre una zona relativamente estrecha del cielo”, explica Catalina Casanueva.

 

En cuanto a su frecuencia, “la Luna pasa cerca de algún planeta prácticamente todos los meses. Que varios planetas brillantes coincidan en una composición fácil de observar depende de los ritmos de cada órbita, la hora del día y la posición desde donde observemos. Algunas se repiten dentro de un mismo año y otras tardan mucho más en volver a darse bajo condiciones favorables”, enfatiza la astrónoma.

 

¿Cómo observar desde Chile?

La alineación podrá verse a simple vista en gran parte del país, aunque no todos los astros serán igual de fáciles de localizar. La Luna será la mejor guía para orientarse en el cielo del atardecer. Cerca de ella estará Venus -excepto el 16 de junio-, el más brillante de los planetas, cuya atmósfera refleja gran cantidad de luz solar y lo hace visible antes de que el cielo oscurezca. Júpiter aparecerá como un punto luminoso siguiendo la misma franja, y Mercurio, el más difícil de ver, quedará sobre el horizonte, envuelto en el resplandor del crepúsculo.

 

“En esta ocasión, conviene mirar a simple vista, ya que los telescopios muestran una zona muy pequeña -o aumentada- y hace perder la perspectiva del conjunto. Los binoculares pueden ayudar a ubicar Mercurio, pero deben usarse cuando el Sol se haya puesto por completo, pues apuntar instrumentos ópticos cerca de este puede causar daño ocular permanente”, comenta Casanueva.

 

Desde Santiago, lo recomendable es mirar hacia el poniente, en la dirección donde se pone el Sol. El rango de horario óptimo para contemplar la alineación se extenderá entre las 18:20 y las 18:45 aproximadamente. Alrededor de las 20:00, los astros ya no serán visibles.

 

La cercanía entre la Luna y los planetas también cambiará entre días. El 16 de junio aparecerá cerca de Mercurio, mientras que el 17 de junio estará muy cercana a Venus y finalmente, el 18 de junio, el satélite natural se habrá desplazado más hacia arriba a lo largo de la eclíptica.

 

Visibilidad según la zona del país

La calidad de la observación variará según la latitud, el clima y las condiciones del horizonte. En el norte del país, las condiciones son más favorables: menor humedad y mayor transparencia atmosférica que permiten ver los objetos con mayor claridad. En la zona central también debería ser observable, siempre que la franja hacia el oeste-noroeste esté despejada, mientras que en el sur, la nubosidad y la humedad propias de la temporada pueden dificultar la visibilidad.

 

“La condición más importante es contar con un horizonte limpio. Cuando un astro está bajo, su luz atraviesa una capa más gruesa de atmósfera y pierde intensidad. Una terraza alta, un mirador, una playa, un parque abierto o cualquier zona sin obstáculos hacia donde se pone el Sol pueden marcar la diferencia. Para este evento, más que evitar la luz urbana, lo fundamental es tener despejada la base del cielo”, señala Casanueva.

 

Quienes deseen planificar mejor la observación pueden apoyarse en aplicaciones de astronomía como Star Walk o Stellarium, que muestran en tiempo real la posición de cada cuerpo celeste según la ubicación del usuario.

 

La ciencia detrás de un desfile planetario

Más allá del atractivo visual, eventos como este permiten ilustrar cómo funciona el Sistema Solar. La franja que recorren estos cuatro astros evidencia la arquitectura del vecindario cósmico: si estos se movieran en planos distintos, los veríamos repartidos por diferentes zonas del cielo. Al observar hacia el poniente, durante el atardecer, estamos contemplando, desde dentro, la proyección de esa estructura.

 

El fenómeno también invita a distinguir entre apariencia y realidad física, permitiendo reconstruir profundidad, distancia y movimiento. En esa escena del atardecer, se reúnen escalas muy distintas: la luz reflejada por la Luna tarda poco más de un segundo en llegar a nosotros; la de Venus, alrededor de 10 minutos, y la de Júpiter, cerca de 50 minutos.

 

“Eso es lo llamativo de prestarle atención a estos eventos: comienzan como algo visualmente atractivo, pero abren grandes preguntas sobre la gravedad, la luz y la estructura de nuestro sistema planetario”, concluye la investigadora del CATA.




CARTA ABIERTA: EN EL DIA DEL MEDIO AMBIENTE

Estimados: gobernador, alcalde, concejales, concejalas, diputados, diputada.

En este día, en se conmemora el día Internacional del Medio Ambiente, queremos reafirmar nuestro compromiso por el Medio Ambiente, enfrentar el cambio climático de forma local y comunitaria y seguir creando redes. Lamentablemente esta fecha nos nuestra en medio de ataques injustos, nos vandalizaron murales ambientalistas realizados el año 2017 y después nos negaron el agua para regar huertos que hemos creado y cuidado, desde el año 2013, y un micro basural recuperado y cuidado desde el año 2022, pero  estos ataques, nos hacen más fuerte y seguiremos adelante, hemos respetado todos los conductos regulares, pero no hemos sido escuchados en Maipú.

Reiteramos que el proceso de Ecobarrio, que comenzamos el año 2006, ha sido replicado, en varias comunas y regiones y somos parte de la red Transition Twon, con más de 100 comunidades de todo el Mundo.

Esperamos de su apoyo, para terminar con estas injusticias, y nos ponemos a vuestra disposición, para acogerlos en nuestro Ecobarrio y para replicar esta experiencia en otros barrios de Maipú y del Distrito.

Adjuntamos afiche, del día del medio ambiente y de algunas de la múltiples actividades realizadas este año, entre ellas,  la visita  de Mattia Boscaino, investigador de la Universidad de Birmingham, Inglaterra.

Atte.

 

Ricardo Acuña Acuña, presidente

Edita Moreno González, tesorera

Luis Márquez Valdivia, secretario.

 

Centro de Difusión Social, Ecobarrios

Maipú, Chile.




CARTA ABIERTA DE C. VITTORI: NO HAY CELEBRACION POSIBLE…

No hay alegría en mí. No hay celebración posible. La prisión preventiva decretada contra el ex diputado Joaquín Lavín León, y ratificada por la Corte de Apelaciones de Santiago no despierta en mi espíritu ni un ápice de regocijo. Solo encuentro espacio para el silencio. Para una meditación profunda y dolorosa sobre esa cara oscura del poder político, esa que, en manos inescrupulosas, es capaz de triturar la dignidad de personas inocentes sin que le tiemble el pulso. Carta enviada por  Christian Vittori Muñoz.

Han sido años durísimos. Años que nos marcaron a fuego.

Escribo estas palabras como un acto tardío, pero necesario, de justicia. Justicia para los dirigentes sociales que entregaron su alma trabajando por la comunidad. Justicia para los vecinos que creyeron. Justicia para los funcionarios municipales que fueron degradados a enemigos y despedidos. Y justicia, sobre todo, para mi familia, que soportó en silencio la maquinaria del desprestigio, la discriminación feroz, el atropello sistemático de nuestros derechos y el pisoteo cruel de nuestra imagen. Todo aquello para satisfacer un capricho personal del matrimonio Barriga-Lavín, cuyos efectos venenosos respiramos los maipucinos hasta el día de hoy, como una condena que se niega a terminar.

 

El juez lo dejó claro en su resolución: se dio por acreditado que el ex diputado montó un call center electoral con fondos del Congreso, presentó rendiciones de gastos parlamentarios falsas para pagar deudas de campaña y creó una red de operadores políticos incrustada en la propia Municipalidad. Qué amarga ironía verlo ahora. Mientras ellos tejían esa verdadera maquinaria en el corazón del municipio de Maipú, a nosotros nos trataban de la peor manera. Entre 2015 y 2020, por orden de Barriga, nos llamaron corruptos, imputados; nos señalaron con dedos acusadores y se orquestó un show mediático. A los funcionarios y profesionales nos trataron como delincuentes, y a las dirigentas sociales como simples operadoras políticas. Nos arrastraban por el lodo mientras la trama real operaba a plena luz del día, con la ayuda y el beneplácito de actores políticos locales, mal llamados “líderes” de centro y de izquierda. Protegían sus parcelas de poder y alimentaban sus cofradías, vendidos por un cupo laboral, por un contrato miserable, por envidia… o simplemente por gusto. Se destinaron recursos municipales y ministeriales para aceitar esta máquina aniquiladora de persecución política sin importar el daño personal, familiar, laboral, profesional y moral, ni el sufrimiento infringido a nuestros hijos, el mismo que se clama hoy como un grito desesperado.

 

En lo personal, mi familia y yo fuimos querellados por Lavín y Barriga a través de su amigo y abogado, Carlos Fairlie, también imputado en esta investigación y pagado con recursos del Congreso para fines políticos espurios. Fueron años de calvario en los tribunales. Años de cargar con el peso de mentiras viles. Hasta que finalmente, con la verdad como única arma, pude demostrar mi inocencia. Fui absuelto. Primero en los Tribunales Orales y luego en la Corte de Apelaciones de Santiago. Absuelto de todas las acusaciones. Pero la pregunta que aún me taladra el alma sigue sin respuesta: ¿quién repara el daño personal, el daño profesional, el daño laboral de nuestra familia? ¿Quién restituye el honor mancillado y el escarnio público que sufrimos? ¿Quién les devuelve su fuente de trabajo a los más de mil funcionarios despedidos, que hasta hoy no reciben el pago ni siquiera de sus imposiciones?

Por eso, y por tantas otras razones imposibles de enumerar aquí, este no es momento de estar feliz ni de celebrar. Es momento de aspirar a una justicia legítima, profunda, y reparadora. Si los hechos que investiga el Ministerio Público resultan acreditados, corresponderá que la justicia actúe con todo el rigor que la ley contempla. Pero al mismo tiempo, debemos aspirar a una justicia que respete los principios que a mí me fueron pisoteados sin piedad, e incluso puestos en duda por quienes decían ser mis propios compañeros de ruta. Hablo de la presunción de inocencia, ese sagrado manto que a mí me arrancaron sin piedad y que hoy, aun con el alma herida, me niego a arrebatarle a nadie. Porque la verdadera justicia no se regodea en la caída del otro, sino que construye desde la verdad y la dignidad. Y de ambas cosas, todavía estamos en deuda.

 

PD: Para los que ignoran o dicen ignorar, para los desinformados y para los malintencionados, nunca  tuve una medida cautelar de prisión preventiva, solo arraigo y firma mensual durante la investigación, adjunto las referencias de los fallos judiciales donde fui absuelto de todas las falsas acusaciones y declarado inocente:

Fallo 96-2019 del 5° Tribunal Oral en lo Penal,

Fallo 273-2019 del 1° Tribunal Oral en lo Penal, ambos de Santiago, y el

Fallo penal N°3.914-2022 de la Corte de Apelaciones de Santiago.

Christian Vittori Muñoz




KAST Y LA GRAN VOLTERETA DE PUNTA PEUCO

Sr. Director:

José Antonio Kast llegó a La Moneda prometiendo orden, verdad y reparación para quienes sufrieron el injusto ensañamiento del sistema judicial contra las Fuerzas Armadas y de Orden. Durante años construyó su imagen como el candidato que se atrevería a lo que otros no: terminar con el trato humillante a los militares condenados por casos ligados a derechos humanos, muchos de ellos ancianos que cumplieron décadas en prisión. Sin embargo, ahora como presidente, su discurso en la región de Atacama reveló una preocupante marcha atrás.

Durante un conversatorio ciudadano en el marco del programa ‘Presidente Presente’, en Copiapó, Kast afirmó que “no hizo una promesa absoluta de indultar a todas las personas” y que tiene “la conciencia tranquila”. Peor aún, se limitó a criticar la mezcla de poblaciones en Punta Peuco y habló de “ordenar” la situación, sin anunciar un plan claro y decidido de indultos masivos o liberación de los prisioneros militares.

 

¿Dónde quedó el compromiso con quienes confiaron en él para cerrar esta herida?

 

En campaña, el mensaje fue inequívoco: se hablaba de revisar las condenas, de indultos humanitarios amplios, de terminar con la persecución política contra uniformados que defendieron a Chile del terrorismo y el caos. Sus seguidores entendieron claramente que, bajo su gobierno, Punta Peuco dejaría de ser un símbolo de venganza y se procedería a liberar a quienes, por edad y salud, ya no representan ningún riesgo.

 

Hoy, en cambio, Kast se escuda en que “nunca prometió indultar a todas” y prioriza un supuesto “consenso” de cárceles separadas, pero sin dar el paso decisivo: usar con valentía la facultad presidencial de indulto.

 

Esta tibieza es especialmente grave. Mientras delincuentes comunes, narcotraficantes e inmigrantes irregulares gozan de beneficios y salidas tempranas, los militares condenados —muchos con más de 80 años— siguen sufriendo un encierro indigno.

 

Kast criticó correctamente la decisión de Gabriel Boric de mezclar las poblaciones, pero eso no basta. No se trata solo de separar recintos: se trata de liberar a quienes ya pagaron con creces y cuya permanencia en prisión se ha convertido en un acto de revanchismo histórico.

 

Los indultos humanitarios no son un capricho; son un acto de elemental justicia y compasión. Kast tiene la facultad constitucional para ejecutarlos de manera amplia, como han hecho otros presidentes antes. En lugar de eso, opta por la prudencia política, el “caso a caso” y frases que tranquilizan su conciencia, pero decepcionan a su base. Esa misma base que lo llevó a la presidencia esperando un quiebre real con el relato de izquierda instalado durante décadas.

 

La mano dura que promete Kast contra la delincuencia actual pierde credibilidad cuando, frente a los prisioneros de Punta Peuco, aparece la mano blanda del cálculo político. No se puede predicar orden y justicia selectiva. O se defiende con consecuencias a los hombres que dieron todo por Chile en los años 70, o el discurso se revela como mera retórica electoral.

 

Señor Presidente: sus seguidores no votaron por “conciencia tranquila”. Votaron por coraje. Cumpla con lo que la gente entendió en campaña. Libere a los prisioneros militares de Punta Peuco antes de que sea demasiado tarde para muchos de ellos. O la historia no le perdonará su tibieza disfrazada de prudencia.

 

Jorge Ravanales Arriagada




Premio Nacional de Derechos Humanos 2026: INDH extiende la presentación de postulaciones hasta el 25 de mayo

Esta convocatoria está dirigida a personas, organizaciones e instituciones para que presenten candidaturas a la octava versión del Premio Nacional de Derechos Humanos.

El Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) extendió las postulaciones de la octava versión del Premio Nacional de Derechos Humanos hasta el próximo lunes 25 de mayo a las 17 horas. La iniciativa organizada por el INDH busca reconocer a una persona con una destacada trayectoria y contribución a la promoción, defensa y exigibilidad de los derechos humanos en Chile.

 

 

El Premio Nacional de Derechos Humanos se otorga cada dos años y cuenta con el mismo rango institucional que el resto de galardones de esta naturaleza entregados en el país. Busca destacar y visibilizar la trayectoria y aporte sobresaliente en la defensa de los derechos humanos, en su sentido más amplio.

 

 

 

¿Cómo postular?

 

 

Las postulaciones y antecedentes deben ser presentados por terceros (organizaciones, instituciones o personas naturales). Estas deben cumplir con las bases que rigen la convocatoria. El Consejo del INDH deliberará en base a los antecedentes en calidad de jurado, conforme a lo que determina la Ley N° 24.405.

 

 

Como forma de facilitar la presentación de candidaturas, el INDH ha dispuesto un formulario online, disponible en el sitio web. De igual manera, las candidaturas podrán ser presentadas en formato impreso en todas las sedes del instituto a lo largo del país. (Ver direcciones de las sedes regionales aquí).

 

 

El Premio Nacional de Derechos Humanos es de carácter participativo, por lo tanto, la articulación y generación de apoyos es fundamental. La iniciativa no considera autonominaciones y corresponde a un reconocimiento sólo a personas vivas, no admite reconocimientos póstumos.

 

 

Conforme a lo establecido por la Ley N° 19.169 sobre premios nacionales en Chile, la persona galardonada este 2026 obtendrá un diploma de reconocimiento junto con una suma única de dinero y una pensión vitalicia.

 

 

Cualquier consulta al respecto se debe dirigir al correo electrónico premionacional@indh.cl.

 

 

 

Premios Nacionales de Derechos Humanos

 

 

En sus siete versiones anteriores, el premio se otorgó a distinguidas defensoras y defensores de derechos humanos. En 2011 fue reconocida Viviana Diaz Caro, por su incansable labor durante la dictadura y posterior a ésta. En 2014 se le entregó a María Soledad Cisternas, por su destacado trabajo en pos de los derechos de las personas en situación de discapacidad. En 2016 fue otorgado al sacerdote jesuita José Aldunate Lyon, por su dedicación a la defensa de los derechos humanos durante la dictadura, así como su permanente compromiso con la defensa y promoción de los derechos económicos, sociales y culturales.

 

 

En 2018 lo recibió la reconocida abogada Fabiola Letelier del Solar, por su trabajo en materia de verdad, justicia y reparación a las víctimas de la dictadura; en 2020, en tanto, lo recibió el abogado Roberto Garretón Merino, incansable defensor de personas perseguidas por la dictadura. En 2022, fue galardonada Elizabeth Andrade Huaringa, defensora del derecho a la vivienda en la Región de Antofagasta. Y, por último, en 2024 fue otorgado al secretario ejecutivo de la Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (FASIC), Claudio González Urbina, por su aporte en el ámbito de la verdad, justicia, reparación y acompañamiento a las víctimas de la dictadura.

 

 

Enlaces para la convocatoria:

 

 

 

  • Descargar las bases del Premio Nacional de Derechos Humanos 2026
  • Formulario para presentar una candidatura en línea
  • Descargar formulario para presentar una candidatura en formato físico
  • Descargar declaración sobre inhabilidades
  • Descargar formato de recolección de firmas de apoyo
  • Descargar Ley 20.405 que crea el Premio Nacional de Derechos Humanos
  • Descargar Ley 19.169 sobre otorgamiento de premios nacionales en Chile
  • Descargar Reglamento Premio Nacional de Derechos Humanos
  • Descargar Resolución que Aprueba Bases para la Presentación de Postulaciones al Premio Nacional de Derechos Humanos 2026.

 

 

 

 

 

Saludos cordiales

 

Instituto Nacional de Derechos Humanos




Chile no puede seguir mirando al espacio desde la galería

En FIDAE 2026 conversamos sobre la formación de astronautas chilenos, y de ahí salió una convicción común: impulsar un programa aeroespacial se parece mucho a cualquier proyecto transformador serio. Chile, si quiere dar un salto real, tiene que asumir ese desafío con ambición y con método.

El desarrollo espacial es una apuesta estratégica. Implica reducir dependencia tecnológica, generar conocimiento, formar talento y abrir nuevas oportunidades para el desarrollo científico y productivo del país, con impactos reales en áreas como el monitoreo ambiental, la gestión de desastres y la planificación territorial.

Chile ya ha dado pasos relevantes con el Sistema Nacional Satelital y el Centro Espacial Nacional en Cerrillos, iniciativas que articulan al Estado, la academia y la Fuerza Aérea en torno al desarrollo de capacidades tecnológicas propias. Esto permite avanzar desde la observación hacia la construcción de una base institucional y técnica.

Sin embargo, la infraestructura no basta. Un programa espacial requiere continuidad, formación y colaboración. Es clave impulsar vocaciones en STEM, generar oportunidades para científicos e ingenieros y consolidar instituciones que trabajen de forma coordinada. Sin capital humano, no hay desarrollo sostenible.

En ese sentido, FIDAE 2026 dejó señales alentadoras. La Dirección Espacial de la FACH anunció un convenio con la Universidad La Sapienza de Roma para fortalecer el Programa Espacial Nacional en diseño, integración y proyección de sistemas espaciales, además de la formación de talento nacional. También se presentó Atacama Space, fondo internacional para financiar proyectos espaciales chilenos que comenzará a materializarse desde octubre en el Centro Espacial Nacional. A eso se suma la creación de un Consorcio Espacial Nacional, impulsado por la academia, actores privados nacionales e internacionales, con la gestión de la Asociación Chilena del Espacio y el patrocinio del Minciencia y la Fuerza Aérea de Chile.

Si convergen infraestructura, cooperación internacional, financiamiento y talento, el desarrollo espacial deja de ser algo abstracto y comienza a tomar forma como política pública e industria. Chile puede integrarse de a poco a esta nueva economía, pero requiere una decisión clara: dejar de observar desde fuera y asumir un rol activo.

Hoy existe la posibilidad concreta de que una chilena llegue a la Estación Espacial Internacional, y eso no representa solo una meta personal, sino también una señal relevante de los avances que Chile empieza a mostrar en materia aeroespacial. Nos ilusiona, pero debe ir acompañado de un proyecto integral de país, con formación, desarrollo tecnológico e inversión de largo plazo. La pregunta es: ¿estará Chile a la altura de quienes ya están abriendo ese camino?

Chile no puede seguir mirando al espacio desde la galería. Debe involucrarse, construir y participar. Porque el futuro aeroespacial no se espera: se prepara.

Firmantes:

Daniel Daccarett, Cofundador de Emprende Tu Mente.
Matilde Gaete, Estudiante de Ingeniería Física de la Pontificia Universidad Católica de Chile y seleccionada por el Programa del International Institute for Astronautical Sciences (IIAS) de Florida, Estados Unidos.
Klaus von Storch, Oficial retirado de la Fuerza Aérea de Chile y excandidato a astronauta.




Carta pública a Cathy Barriga: cuando la injusticia deja de ser ajena.

Señora Cathy Barriga:

He leído sus palabras a propósito de la situación judicial que hoy afecta a su entorno familiar, especialmente tras la resolución que dejó en prisión preventiva a su marido, el diputado Joaquín Lavín León. Usted ha hablado de injusticia, de fortaleza, de dolor familiar y también de la forma en que ciertos medios de comunicación pueden instalar relatos, amplificar prejuicios y transformar un proceso judicial en un espectáculo público.

Comprendo que una situación así golpea no solo a quien enfrenta directamente una resolución judicial, sino también a su familia, a sus hijos, a sus cercanos y a todos quienes sienten que una decisión de esta naturaleza puede alterar la vida entera de una familia.

Precisamente por eso me permito escribirle esta carta pública.

No lo hago para aumentar su dolor ni para juzgarla personalmente. Tampoco para pronunciarme sobre el fondo de las causas judiciales que hoy afectan a su familia, ni para atribuir inocencia o culpabilidad a nadie. Eso corresponde a los tribunales. Esta carta nace, especialmente, a partir de sus declaraciones públicas ante la resolución que dejó en prisión preventiva a su marido. Lo hago para invitarla a mirar más allá de su propia experiencia y preguntarse si esa misma sensibilidad frente a la injusticia, al juicio público anticipado, al daño familiar y a la exposición mediática ha existido cuando quienes sufren no pertenecen a su mundo político, social o comunicacional.

Porque esa sensación que usted hoy expresa —la de sentirse expuesta, incomprendida, juzgada o golpeada por el sistema— también la viven desde hace años muchas familias de personas privadas de libertad en Punta Peuco. Familias que no tienen tribuna permanente, que no aparecen en matinales, que no cuentan con redes de protección política ni con la solidaridad automática de quienes suelen conmoverse solo cuando el dolor toca a los propios.

Entre esas personas quiero mencionar a un hombre concreto: Julio Ernesto Castañer González, coronel en retiro del Ejército de Chile, hoy privado de libertad y cumpliendo una condena de 20 años por el llamado Caso Quemados, uno de los episodios más dramáticos y emblemáticos ocurridos durante el Gobierno Militar.

Me refiero a los hechos del 2 de julio de 1986, cuando Rodrigo Rojas de Negri y Carmen Gloria Quintana resultaron gravemente quemados, muriendo posteriormente Rodrigo y sobreviviendo Carmen Gloria con lesiones gravísimas. Nadie puede desconocer la tragedia de esos hechos ni el dolor humano que provocaron.

Pero una cosa es reconocer la tragedia, y otra muy distinta es aceptar sin preguntas que, casi 38 años después, una persona sea condenada sobre la base de inferencias, supuestos, declaraciones aparecidas casi 30 años después y una supuesta “concertación” que, al menos desde mi lectura, no aparece demostrada mediante una orden directa, una confesión o una participación personal concreta.

Julio Castañer no fue condenado en la primera causa judicial. Esa causa fue conocida por la Justicia Militar, revisada por la Corte Marcial y finalmente por la Corte Suprema el 14 de diciembre de 1994, ya en plena democracia. En ese primer ciclo judicial, Julio Castañer no fue condenado, no fue establecido como autor y no recibió sanción penal alguna.

Ese antecedente es fundamental.

Sé perfectamente que existe una sentencia posterior. No pretendo desconocerla ni reemplazar a los tribunales. Pero también sé que una sentencia no clausura necesariamente toda pregunta ética. El derecho tiene formas, procedimientos y decisiones finales; pero la justicia, en su dimensión más profunda, exige también preguntarse si los procesos fueron plenamente justos, si las pruebas fueron suficientemente sólidas, si las defensas fueron escuchadas sin prejuicio y si la verdad judicial coincidió realmente con la verdad histórica.

En el caso de Julio Castañer, mi preocupación de fondo es precisamente esa: que pueda estar cumpliendo una condena no por una participación personal, directa y concreta en los hechos que terminaron con Carmen Gloria Quintana gravemente herida y Rodrigo Rojas de Negri fallecido, sino por una construcción posterior levantada sobre inferencias, presunciones, testimonios aparecidos casi treinta años después y una supuesta “concertación” que no aparece demostrada mediante una orden directa, una confesión o una declaración expresa que lo comprometa personalmente.

Esa diferencia no es menor. Es esencial.

Porque una justicia verdaderamente ética no puede condenar por ambiente, por época, por uniforme, por destino institucional o por pertenencia a una unidad. En un Estado de Derecho, la responsabilidad penal debe ser siempre personal, concreta y probada. No colectiva. No simbólica. No histórica. No institucional.

Los hechos ocurrieron el 2 de julio de 1986. La causa original fue conocida por la Justicia Militar, revisada por la Corte Marcial y finalmente por la Corte Suprema el 14 de diciembre de 1994, ya en plena democracia. En esa causa, Julio Castañer no fue condenado.

Sin embargo, casi 21 años después de ese pronunciamiento de la Corte Suprema, y 29 años después de ocurridos los hechos, la causa fue reabierta. Luego, el 21 de marzo de 2019, es decir, 32 años y 8 meses después de los hechos, Julio Castañer fue condenado por primera vez. Posteriormente, el 21 de marzo de 2022, 35 años y 8 meses después de los hechos, la Corte de Apelaciones aumentó su condena a 20 años. Finalmente, el 5 de enero de 2024, 37 años y 6 meses después de los hechos, la Corte Suprema dejó firme esa condena.

Ese dato no puede ser tratado como una simple referencia cronológica. Condenar a una persona casi 38 años después exige un estándar probatorio especialmente severo, no más flexible. Exige hechos concretos, claros, directos y verificables. No puede descansar en inferencias amplias, reconstrucciones tardías o en lo que un juez, una sala o una mayoría considere suficiente sin despejar razonablemente las dudas esenciales.

Y aquí, señora Barriga, aparece una primera coincidencia humana con lo que usted misma ha expresado: cuando una persona siente que la justicia ya no mira su caso con equilibrio, sino que parece avanzar acompañada por una corriente pública, política o comunicacional, la familia completa queda atrapada en una angustia muy difícil de explicar. Usted hoy lo vive desde su realidad. Otras familias lo han vivido por años, sin que casi nadie se detenga a escucharlas.

En una oportunidad escribí también una carta dirigida a Carmen Gloria Quintana, publicada en el medio Prensa Local. No lo hice para negar su dolor ni para relativizar la tragedia que ella vivió junto a Rodrigo Rojas de Negri. Al contrario: lo hice desde el respeto a su sufrimiento y, al mismo tiempo, para agradecer algo que considero éticamente relevante.

Hasta donde he conocido sus declaraciones y los antecedentes del caso, Carmen Gloria Quintana nunca identificó a Julio Castañer como uno de sus victimarios directos. Y no lo habría hecho por una razón que, a mi juicio, resulta fundamental: según los antecedentes que sostienen quienes defienden su inocencia, ella nunca lo enfrentó, nunca lo conoció en esas circunstancias y nunca lo vio como parte de la patrulla que la detuvo.

Ella se refirió a militares vestidos con uniforme de combate, trajes de mimetismo, fusiles, cascos y rostros pintados de negro. No habló de civiles. Julio Castañer, según esos mismos antecedentes, no vestía uniforme de combate en esa circunstancia, no portaba fusil, no llevaba casco, no tenía la cara pintada y se encontraba de civil, acompañado por dos suboficiales.

Más aún, hasta donde he conocido, Julio Castañer no fue nombrado, visto ni reconocido por Carmen Gloria Quintana como uno de sus victimarios directos. Ese dato, en una causa de esta gravedad, no puede ser tratado como una simple irrelevancia.

Por eso, mi reflexión no busca desconocer lo ocurrido ni minimizar la tragedia. Busca algo distinto: recordar que incluso en los casos más dolorosos la responsabilidad penal debe ser personal, concreta y acreditada. No se puede condenar por contexto, por pertenencia institucional, por clima histórico o por la necesidad social de encontrar responsables. Se debe condenar por hechos probados y por participación individual demostrada.

En ese punto, el silencio de Carmen Gloria Quintana respecto de Julio Castañer no me parece menor. Al contrario, me parece un antecedente ético que debió ser ponderado con especial cuidado en una causa donde una persona terminó condenada por hechos respecto de los cuales la propia víctima sobreviviente nunca lo señaló como autor directo.

También existe otro elemento que, para quienes conocemos la vida militar, resulta imposible omitir. En una situación operativa, la autoridad corresponde al oficial más antiguo y a quien tiene el mando efectivo de la patrulla, los vehículos, el personal y los detenidos. En ese marco, lo relevante no es cargar responsabilidades adicionales sobre otros condenados, sino precisar lo que Julio Castañer no era y no hizo.

Julio Castañer no era el oficial más antiguo a cargo del procedimiento.

Julio Castañer no mandaba la patrulla que detuvo a Rodrigo Rojas de Negri y Carmen Gloria Quintana.

Julio Castañer no tenía bajo su mando directo los vehículos en que se desarrolló el procedimiento inicial.

Julio Castañer no fue quien detuvo a Rodrigo Rojas de Negri y Carmen Gloria Quintana.

Julio Castañer no aparece señalado por la víctima sobreviviente como uno de los militares que la enfrentó, la redujo o la tuvo bajo custodia inicial.

Julio Castañer no aparece, en los antecedentes que he revisado, dando una orden directa de quemar, abandonar o impedir auxilio médico.

Julio Castañer no aparece confesando participación ni siendo incriminado por una declaración expresa del oficial que tenía la conducción principal del procedimiento.

Eso es lo que debe quedar claro.

No se trata de trasladar toda la responsabilidad hacia otra persona ni de cargarle la mano a quien ya enfrentó una condena y hoy enfrenta otra. Se trata de algo distinto y mucho más elemental: no se puede construir la responsabilidad penal de Julio Castañer sobre aquello que no hizo, sobre aquello que no mandaba, sobre aquello que no controlaba directamente o sobre conversaciones cuyo contenido no aparece probado de manera clara.

La sentencia habla de “concertación”, pero esa concertación aparece construida sobre reuniones, desplazamientos y presencia física. No sobre una confesión. No sobre una orden directa. No sobre una frase concreta. No sobre una declaración inequívoca que diga que Julio Castañer se puso de acuerdo para cometer un crimen.

Y en derecho penal, la diferencia entre probar y suponer es decisiva.

A todo lo anterior se suma el contexto de la reapertura. Y aquí, señora Barriga, vuelvo a su propia experiencia. Usted ha criticado la forma en que los medios tratan ciertos casos, cómo exponen, cómo caricaturizan, cómo instalan imágenes y cómo transforman un proceso judicial en una condena social anticipada. Pues bien, eso mismo —con otras características, con otro contexto y con otra gravedad histórica— también ocurrió en torno a la reapertura del caso de Julio Castañer.

No fue una reapertura silenciosa ni estrictamente judicial. Fue acompañada por una intensa instalación comunicacional. Hubo cobertura televisiva, exposición pública, funas y una inmediatez mediática que merece, al menos, ser examinada. Julio Castañer, viviendo en Punta Arenas, se enteró de su detención cuando personal de la PDI llegó a buscarlo a su casa; sin embargo, en el aeropuerto ya había personas esperándolo para increparlo, insultarlo y agredirlo públicamente. Es decir, muchos parecían saber lo que venía antes que el propio afectado.

¿No es eso, señora Barriga, parte del mismo problema que usted hoy denuncia cuando habla del daño que provocan ciertos medios? ¿No es también una forma de condena anticipada?

¿No es una señal preocupante cuando la exposición pública parece correr más rápido que el expediente, más rápido que la prudencia y, a veces, más rápido que la propia justicia?

También debe recordarse el rol que tuvo un equipo de televisión en la instalación pública de la nueva versión del caso. Años después, un exsoldado declaró ante notario que había mentido y que había incriminado falsamente a militares. Según esa declaración, habría sido llevado a un hotel, vestido, alimentado y preparado para sostener una versión determinada antes de declarar.

Ese antecedente no podía tratarse como un simple detalle. Si era falso, debía investigarse con seriedad. Si era verdadero, con mayor razón. Lo inaceptable es que una declaración obtenida casi 30 años después de los hechos pueda servir para reabrir una causa y construir una condena, mientras una retractación posterior, también formalizada ante notario, sea relativizada o desatendida sin la misma energía investigativa.

Usted sabe hoy, por experiencia propia, cuánto daño puede causar un relato público cuando se instala antes de que la justicia hable con plena claridad. Sabe lo que significa que la imagen de una persona sea reducida a un titular, a una cuña, a una caricatura o a un juicio televisivo. Por eso mismo, quizás hoy pueda comprender mejor lo que otras familias han sentido durante años al ver que sus maridos, padres o abuelos fueron convertidos en símbolos útiles para un relato, antes que en personas concretas con derecho a ser escuchadas con humanidad.

La defensa de Castañer acompañó una declaración prestada ante notario por un exsoldado que, según esa defensa, tenía importancia trascendental para demostrar que Julio Castañer no tenía participación en los hechos. Esa declaración fue acompañada, no fue objetada y, sin embargo, no recibió —al menos desde mi mirada— la ponderación que merecía.

A esto se suma un antecedente humano que no puede pasar inadvertido: según se ha sostenido, Julio Castañer nunca conoció, vio ni habló personalmente con el juez Mario Carroza antes de ser condenado por primera vez. En una causa de esta gravedad, donde una persona terminó enfrentando una condena de 20 años, ese dato no es menor. Un juez puede leer expedientes, revisar declaraciones y dictar sentencias, pero cuando se decide sobre la libertad de una persona por décadas, la justicia también debiera tener la humildad humana de mirar al acusado, escucharlo y despejar directamente sus dudas esenciales.

La esposa de Julio Castañer, Jeannette Reyes, ha debido cargar con esa ausencia con sobriedad, reserva y dignidad. Y aquí, señora Barriga, la analogía humana resulta inevitable. Usted hoy sabe lo que significa mirar a su marido privado de libertad y sentir que la familia completa queda bajo sospecha, bajo exposición y bajo dolor. Jeannette Reyes ha vivido algo semejante durante años, pero en silencio, sin cámaras, sin matinales, sin redes de apoyo político y sin una opinión pública dispuesta a escuchar sus razones.

Jeannette Reyes no solo ha debido luchar por su marido. Ha debido luchar también por sostener su propia existencia emocional, familiar y moral frente a una condena que, aunque formalmente recae sobre una persona, termina golpeando a toda una familia. Ha debido sostener la dignidad de sus hijos, cuidar la memoria familiar, enfrentar el aislamiento social y resistir el peso de una condena pública que muchas veces no acepta preguntas, matices ni dudas razonables.

Tal vez hoy, desde su propio dolor, usted pueda comprender mejor a mujeres como ella. Mujeres que no aparecieron en televisión para explicar su sufrimiento. Mujeres que no fueron convertidas en causa por ningún sector político. Mujeres que debieron aprender a vivir entre expedientes, silencios, visitas, acusaciones, ausencias y años que nadie devuelve.

Los hijos de Julio Castañer también han debido enfrentar el peso de una condena pública y familiar que pocos quisieron escuchar con verdadera humanidad. No hubo para ellos cámaras disponibles, ni espacios permanentes de explicación, ni redes sociales transformadas en causa, ni solidaridad política transversal. Hubo, más bien, silencio, distancia y una comodidad moral muy propia de quienes prefieren no mirar cuando la posible injusticia afecta a personas incómodas para el relato dominante.

Por eso la pregunta es inevitable, señora Barriga: ¿dónde estaban usted, su sector político y tantos dirigentes que hoy hablan de injusticia cuando otras familias chilenas vivían un calvario semejante, pero sin cámaras, sin protección mediática y sin compasión pública?

¿Dónde estaba esa sensibilidad cuando esposas e hijos de militares en retiro golpeaban puertas para pedir, al menos, una mirada humana, jurídica y ética sobre sus casos?

¿Dónde estaba la preocupación por el debido proceso, por la proporcionalidad de las penas, por la dignidad de las familias y por el sufrimiento de quienes también creen haber sido víctimas de una justicia incompleta?

No le pido que comparta mi opinión. No le pido que defienda a Julio Castañer. No le pido siquiera que entre al fondo de una causa compleja y dolorosa para Chile. Le pido algo mucho más simple y, al mismo tiempo, mucho más difícil: coherencia moral.

Porque la injusticia no comienza a ser injusticia cuando afecta a los cercanos. La prisión no empieza a doler cuando toca la puerta de quienes tienen apellido conocido. La familia no empieza a sufrir cuando el detenido pertenece al propio sector. Y el debido proceso no puede ser una bandera que se levanta solo cuando resulta políticamente conveniente.

Usted ha contado con tribuna pública, cobertura mediática, redes sociales y posibilidades reales de explicar su situación, defenderse, pedir apoyo y generar empatía. Otras familias no han tenido esa oportunidad. Han debido vivir su dolor en silencio, muchas veces señaladas, muchas veces despreciadas y casi siempre ignoradas.

Por eso, la pregunta no es cómo cada persona enfrenta su propio calvario. La pregunta es por qué algunas causas despiertan compasión inmediata, mientras otras son ignoradas durante años por razones políticas, ideológicas o simplemente por comodidad moral.

Y aquí surge otra pregunta que Chile parece evitar: ¿cuándo veremos a un juez bajar del pedestal de la infalibilidad?

 

¿Cuándo veremos a un magistrado reconocer que, aun investido de autoridad, sigue siendo un ser humano capaz de equivocarse? ¿Cuándo veremos a un tribunal decir, al menos, “tengo dudas”? No para destruir la justicia, sino precisamente para dignificarla.

Porque administrar justicia no convierte a nadie en dueño de la verdad absoluta. Al contrario: mientras mayor es el poder de decidir sobre la libertad, la honra y la vida familiar de una persona, mayor debiera ser también la humildad ética para revisar, dudar y corregir cuando los antecedentes así lo aconsejan.

La ética judicial no consiste solo en aplicar normas, dictar sentencias y cerrar expedientes. Consiste también en comprender que detrás de cada fallo hay vidas concretas, esposas, hijos, nietos, familias, nombres, dolores y años que nadie devuelve.

Nadie le pide a un juez que termine perseguido por haber resuelto conforme a lo que creyó probado en su momento. Pero sí sería esperable, en una sociedad madura, que existiera la grandeza moral de reconocer que una verdad judicial puede ser revisada, especialmente cuando el tiempo, nuevos antecedentes o la conciencia pública comienzan a mostrar grietas razonables en aquello que alguna vez se tuvo por cierto.

Y aquí conviene decirlo con claridad: en materia penal, la duda no refuerza una condena; la debilita. Toda sentencia debe apoyarse en hechos concretos que no se presten a dudas razonables. No basta que un juez, una sala o una mayoría considere que determinados indicios son “suficientes”. La suficiencia judicial no puede reemplazar la certeza moral y jurídica que exige condenar a una persona a 20 años de cárcel.

La verdadera grandeza de la justicia no está en mostrarse intocable, sino en ser capaz de corregirse sin soberbia. Un tribunal no se debilita cuando admite una duda razonable; se debilita cuando prefiere proteger su propio prestigio antes que acercarse a la verdad.

Chile necesita una justicia firme, pero también una justicia capaz de revisar cuando la duda persiste. Una justicia que no confunda sentencia con verdad absoluta, ni autoridad con infalibilidad.

Por eso, señora Barriga, su propia experiencia puede quedar solo como un reclamo personal o transformarse en una oportunidad moral: comprender que el debido proceso, la dignidad familiar y la presunción de inocencia no pueden defenderse solo cuando afectan a los cercanos.

Porque no basta con pedir justicia cuando el dolor toca la puerta propia. La verdadera prueba ética consiste en pedir justicia también para aquellos a quienes la sociedad ya decidió no escuchar.

Atentamente,

Christian Slater E.

Compañero de curso y amigo de Julio Castañer.

12 de mayo de 2026




El 70% de las trabajadoras y trabajadores gana menos de $800 mil líquidos y la mitad recibe $600 mil o menos

La investigación basada en los datos de la última encuesta CASEN reveló que, pese al crecimiento económico de los últimos años, los bajos salarios siguen siendo una realidad transversal. Además, el estudio reveló que casi 2 de cada 3 trabajadores y trabajadoras no podrían sacar a una familia promedio de tres personas de la pobreza. En hogares de cuatro personas que arriendan, el 72,2% de las personas ocupadas no alcanza con su salario a superar la línea de pobreza familiar.

(Santiago, abril 2026) El más reciente estudio de Fundación SOL “Los bajos salarios de Chile: Un análisis de la Encuesta CASEN (2024)”, revela una situación crítica en torno al valor de la fuerza de trabajo en Chile. De acuerdo con el estudio, el 50% de las y los trabajadores gana $600.000 líquidos o menos, el 65,1% gana menos de $750.001 líquidos; y sólo el 20,5% gana más de $1 millón líquido.

Gonzalo Durán, investigador de Fundación SOL y académico de la Universidad de Chile, afirmó que “en países con altos niveles de desigualdad, como Chile, el promedio no es un valor representativo. El ingreso laboral promedio mensual alcanza los $857.333 líquidos, pero la mediana se ubica en los $600.000 líquidos, es decir, equivale solo a un 70% del ingreso promedio. Esta distancia muestra cómo los salarios más altos elevan el promedio, sin reflejar la situación de la mayoría de las personas ocupadas”.

Lo anteriormente planteado se puede ejemplificar con el caso de las mujeres. Mientras el 50% de los hombres gana $600.000 líquidos, la mitad de las mujeres solo alcanzan $510.000 líquidos. Además, el 70% de las trabajadoras gana menos de $780.000 líquidos.

La situación de los bajos salarios en Chile es una realidad material que exige atención urgente. En ese contexto, Marco Kremerman, investigador de Fundación SOL y coautor del estudio, señala que se hace necesaria una reflexión desde un punto de vista de economía política, ya que quienes viven de la venta de su fuerza de trabajo no gozan ampliamente de los frutos que generan con su esfuerzo cotidiano.

“Uno de los datos más relevantes y preocupantes es que, actualmente, casi 2 de cada 3 trabajadores y trabajadoras no podrían sacar a una familia promedio de tres personas de la pobreza. En hogares de cuatro personas que arriendan, el 72,2% de las personas ocupadas no alcanza con su salario a superar la línea de pobreza familiar”.

En el siguiente cuadro se observan los ingresos que obtienen los trabajadores y trabajadoras por su ocupación principal, distribuidos en tramos de ingresos líquidos. Se presenta el tamaño relativo de cada segmento, así como el porcentaje acumulado de personas que perciben ingresos hasta el correspondiente límite superior de cada tramo.

 

 

La investigación presenta, además, una visión comparada según categoría ocupacional, donde se concluyó que los salarios más bajos se encuentran en el  Servicio Doméstico y el trabajo por Cuenta Propia, en los que la mediana llega a $380.000 líquidos y $400.000 respectivamente.

Al analizar los salarios según tamaño de empresa, se concluyó que la mediana en las empresas que tienen entre 10 y 49 trabajadores y trabajadoras es solo $200.000 más baja que aquella que se observa en las grandes empresas. Así, mientras el 50% de las personas asalariadas en el primer tipo de compañía gana menos de $600.000 líquidos, en las empresas de más de 200 trabajadoras/es la mediana alcanza solo $800.000 líquidos.

Adicionalmente, se observa que entre las personas asalariadas del sector privado el 70% gana menos de $800 mil líquidos. Incluso en las grandes empresas, aquellas con 200 o más trabajadores/as, solo el 30% gana más de $1,2 millones líquidos. Es decir, a pesar de las variaciones según categoría y tamaño de empresa, el problema de los bajos salarios en Chile es una realidad transversal.

Salarios al límite en regiones

El estudio evidenció importantes desigualdades territoriales, mientras el 50% de los trabajadores y trabajadoras de las regiones de Antofagasta y Magallanes ganan menos de $700 mil líquidos, en las regiones del Maule, Ñuble, La Araucanía y Los Ríos la mediana es de sólo $500.000.

En 7 regiones, Arica y Parinacota, Libertador Bdo. O’Higgins, Maule, Ñuble, Araucanía, Los Ríos y Los Lagos, se puede observar un atraso salarial más profundo, ya que el 70% de las personas ocupadas percibe $750.000 líquidos o menos.

En la siguiente tabla, es posible observar lo que ganan el 50% de los trabajadores (mediana) o menos, el 70% de los trabajadores o menos (percentil 70), y el promedio.

 

 

Por otro lado, al analizar los salarios según rama de actividad económica, se observa un considerable atraso salarial en el Comercio, principal fuerza asalariada del mercado, así como también en la Agricultura, Industria y algunas actividades de servicios.

Kremerman señaló que “en el sector Comercio, el 70% gana menos de $600 mil líquidos. Además, las diferencias entre sectores son evidentes: mientras la mitad de los trabajadores y trabajadoras de la Minería gana menos de $1 millón líquidos, en la Agricultura y el Comercio, la mediana no supera los $500.000 líquidos”.

Por último, el informe identifica tres mecanismos de formación de salarios que en Chile se mantienen como vías secundarias y que impactan en los bajos salarios: El salario mínimo, cabe mencionar se ha reconocido el efecto faro del salario mínimo, es decir, un bajo nivel en el salario mínimo induce a bajos niveles en el resto de la estructura salarial. Otra vía es el Reajuste del sector público, en donde también se puede apreciar el efecto faro en la interacción entre el sector público y privado. Y por último, la negociación colectiva por sector o rama de producción. Respecto a este último factor, Durán señaló “La negociación por rama provoca efectos distributivos agregados. Así, el impacto en los salarios no es acotado a un grupo minoritario, sino que tiene un alcance mayor, sobre una parte significativa de la grilla salarial total de un país. En estos modelos se ataca la desigualdad de ingresos en el punto donde se produce la riqueza”.

Fundación SOL




Competitividad, productividad y empleo. El desafío de la capacitación laboral este 1 de mayo

Sr. Director

59 de cada 100 trabajadores en el mundo tendrán que actualizar sus competencias antes de 2030. La cifra es del Foro Económico Mundial y debiera quitarnos el sueño. En Chile, 2,3 millones de personas enfrentan riesgo de automatización y 750 mil están en riesgo muy alto de ser reemplazadas. A eso nos enfrentamos este 1 de mayo.

Por otro lado, está la agenda pro-inversión que, de concretar las expectativas, supondrá un fuerte aumento en la demanda de trabajadores calificados. Solo la construcción proyecta 90 mil nuevos empleos al 2027, y la minería más de 37 mil al 2034. No podemos improvisar. Por eso la discusión sobre la franquicia tributaria, contenida en el Proyecto de Ley para la Reconstrucción Nacional, merece una mirada crítica, pero también responsable.

 

Empecemos por reconocer lo evidente: el instrumento data de 1976 y tiene problemas reales para responder a las necesidades actuales. Cerca del 90% del beneficio lo capturan las grandes empresas, mientras las micro y pequeñas —que concentran el 50% del empleo formal— acceden de manera marginal. Las evaluaciones de la Comisión Larrañaga, la CNEP y Dipres no han encontrado efectos significativos en empleo ni salarios.  Y si bien la necesidad de refundar el instrumento es evidente, su eliminación pura abre un vacío institucional cuyo costo es mayor que el ahorro que la motiva.

 

La salida es modernizar con inteligencia. Mirando la experiencia de las principales economías OCDE surgen cinco patrones claros para guiar el diseño: subsidio diferenciado según tamaño de empresa, cuenta personal portable que acompañe al trabajador durante su vida laboral, certificación obligatoria con sello de pertinencia, gobernanza tripartita y evaluación de impacto basada en evidencia.

 

Este 1 de mayo, pongamos al trabajador en el centro de las prioridades. La diferencia entre eliminar y refundar la franquicia es la diferencia entre un ahorro fiscal de corto plazo y un legado de modernización del capital humano de Chile. No es una decisión técnica. Es una decisión de país.

José Esteban Garay,

gerente general del OTIC de la CChC




Puertas adentro cuesta más

Señor Director:

Que el Banco Central haya decidido mantener la tasa no sorprende. Lo que sí preocupa es lo que hay detrás, una economía con poco margen para anticiparse y absorber shocks, sobre todo de cara a las pymes.
En las últimas semanas volvió el patrón. Se eleva la incertidumbre, suben los costos, se tensiona el tipo de cambio y reaparecen presiones inflacionarias. Y ¿cuál es la respuesta? esperar.
La agenda de Reconstrucción es una señal positiva, pero insuficiente frente a fragilidades más profundas como la dependencia energética, la alta sensibilidad externa y una inflación que no termina de ceder.
Mientras eso no cambie, sostener la operación, puertas adentro, seguirá siendo cada vez más difícil.

Hans Huber
Risk & Portfolio Associate de Xepelin Chile