Cuando el centro se erosiona: opinión, castigo y acuerdos

A propósito del debate en torno a la ley miscelánea de reconstrucción nacional actualmente en discusión, resulta difícil no evocar el concepto de “sociedad líquida” desarrollado por el sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman. Vivimos en una época donde las convicciones cambian con rapidez, los apoyos se debilitan y la opinión pública se vuelve cada vez más volátil.

Esto permite entender cómo, en un lapso breve, un gobierno que obtuvo un amplio respaldo puede ver disminuir significativamente su nivel de aprobación. No necesariamente estamos frente a una contradicción, sino ante una característica propia de nuestro tiempo: adhesiones que nacen con fuerza, pero que también se diluyen con facilidad. A ello se suma un factor no menor: ese respaldo inicial también puede haber estado influido, en parte, por un voto de castigo hacia el desempeño del gobierno anterior, más que por una adhesión profunda y sostenida al proyecto que hoy se evalúa.

En Chile, la clase media alcanza a varios millones de personas —entre 7 y 10 millones según distintas estimaciones—. Es a ese amplio sector al que, en definitiva, impactan este tipo de decisiones. En la Región Metropolitana se concentra una parte importante de ellos, con más de 2 millones de personas, especialmente en comunas como Puente Alto, Maipú, La Florida, San Bernardo o Quilicura, entre otras. Se trata de territorios donde conviven aspiraciones de progreso con incertidumbres muy concretas: estabilidad laboral, educación, vivienda y seguridad.

En estos sectores, la formación de opinión suele estar marcada por la urgencia del día a día. Así, la crítica rápida, la reacción inmediata y los cambios de posición no son una anomalía, sino parte de una realidad donde lo transitorio predomina sobre lo permanente. Es en este punto donde se hace visible un fenómeno que podría denominarse mesofagia política: una dinámica en la que el espacio moderado —propio de la clase media y de posiciones intermedias— es progresivamente tensionado y desplazado por visiones más polarizadas, reduciendo el margen para acuerdos amplios y razonables.

En ese contexto, y a pesar del clima de cuestionamiento que hoy rodea a la iniciativa, en lo personal estimo que la ley miscelánea de reconstrucción nacional terminará siendo aprobada. No solo por la lógica de los acuerdos que suele imponerse en la etapa final, sino también porque existe una expectativa real en amplios sectores de la clase media. No me cabe mayor duda de que, ante una consulta directa, muchos la respaldarían, no necesariamente desde un análisis técnico, sino desde la experiencia: porque votaron por cambios que esperaban ver reflejados en su vida cotidiana. Más que explicaciones, buscan resultados. Quieren comprobar en la práctica si aquello que se les ofreció se cumple. Y si no es así, serán ellos mismos quienes, con la misma rapidez con que apoyaron, retiren ese respaldo en el futuro.

 

Christian Slater E.

De mis apuntes de ética.




Un mundo digital feliz

En un reciente examen de grado de MBA, un estudiante afirmó con seguridad que la Inteligencia Artificial no era más que una nueva Revolución Industrial ante la cual el ser humano -como siempre lo ha hecho- simplemente se va a adaptar.

Su optimismo me hizo volver a las páginas de “El Capital”. Karl Marx escribió ahí que la Revolución Industrial no fue simplemente un cambio de engranajes, sino una herida social abierta. Cuando la máquina de vapor reemplazó el músculo humano, transformó la vida en las casas, en los barrios y en los cuerpos.

Mujeres y niños ingresaron a las fábricas donde el tiempo ya no se medía por la luz del día, sino que por el silbato del turno; las jornadas se extendieron, los salarios disminuyeron y apareció lo que Marx llama el “ejército industrial de reserva”: una masa de personas esperando trabajo, presionando los sueldos hacia abajo. Era una época brutal, pero profundamente humana. El sistema necesitaba cuerpos.

Hoy, sin embargo, la situación es distinta. No es simplemente otra etapa del capitalismo; es más bien una mutación silenciosa. Si en el siglo XIX el problema era el exceso de manos, ahora comienza a ser la ausencia de nacimientos. En este sentido, las proyecciones demográficas indican que, hacia mediados de este siglo, la fertilidad global podría situarse por debajo del nivel de reemplazo generacional.

En Chile ya se sitúa en 0,97 hijos por mujer. No hablamos simplemente de estadísticas frías, aunque la migración ha amortiguado parcialmente algunos impactos demográficos, nuestro país y el mundo envejecen. Si a ello añadimos la velocidad del avance tecnológico, el asunto se vuelve más complicado: la densidad de robots industriales se ha duplicado en la última década y los sistemas de inteligencia artificial comienzan a realizar tareas que antes requerían años de formación profesional.

Diagnostican, redactan, programan, analizan e incluso pelean en la guerra; no necesitan descanso humano, ni vacaciones; tampoco se enferman ni se jubilan. Incluso hemos aceptado y normalizado —con una docilidad asombrosa— realizar nosotros mismos el trabajo que antes daba sustento a otros: escaneamos nuestros productos en el supermercado, reemplazando el saludo y el oficio del cajero por la eficiencia fría del escáner. ¡Nos hemos vuelto operarios voluntarios de nuestra propia sustitución!

Tal vez esto ocurre porque el desplazamiento no se siente como expulsión, sino como distracción. Diversos reportes internacionales sobre consumo digital muestran que pasamos entre siete y nueve horas diarias frente a pantallas. No siempre es trabajo. Es scroll infinito, es video corto, es dopamina inmediata. Como anticipó Aldous Huxley en su libro “Un mundo feliz”, el control no necesita violencia cuando puede administrarse en forma de entretenimiento permanente. No nos dominan por el dolor, sino por la dispersión.

La diferencia entonces con la Revolución Industrial es profunda: en esos tiempos el ser humano era explotado, pero seguía siendo indispensable. Hoy comenzamos a preguntarnos si seguirá siéndolo. ¿Quién ocupa el centro cuando el trabajador es sustituido por el algoritmo y el ciudadano se convierte en usuario? ¿Qué significa educar cuando gran parte del conocimiento está externalizado a sistemas automáticos? ¿Qué es la política cuando la atención pública se diluye entre notificaciones, videos y titulares efímeros?

Quizás la resistencia ya no consiste en romper máquinas, como hicieron los luditas. Tal vez sea algo más simple y difícil: sostener una conversación sin mirar el teléfono, decidir tener un hijo en un mundo incierto, recuperar la sobremesa familiar, volver a juntarnos con nuestros amigos los fines de semana. Claro, no es el fin del mundo; es una pregunta abierta: ¿seguiremos siendo protagonistas de nuestra historia o espectadores entretenidos de nuestra cómoda levedad?

Patricio Torres Luque,

académico del Departamento de Gestión Organizacional UTEM.




Microorganismos del desierto de Atacama podrían ayudar a detectar vida en otros planetas

Estudio liderado en Chile por investigadoras del CATA analiza gases producidos por una bacteria extremófila del norte de Chile y su posible detectabilidad en atmósferas de exoplanetas similares a la Tierra primitiva.

Los microorganismos que habitan algunos de los ambientes más extremos del planeta podrían entregar pistas clave para la búsqueda de vida fuera del Sistema Solar. Un nuevo estudio realizado en Chile explora cómo los gases producidos por bacterias que viven en salares del desierto de Atacama podrían generar señales detectables en las atmósferas de exoplanetas.

La iniciativa es liderada por Valeska Molina, Investigadora Adscrita del Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines – CATA (Centro Basal de ANID) y doctoranda de la Universidad de Atacama (UDA) en colaboración con las científicas Bárbara Rojas-Ayala, Investigadora Asociada del CATA y académica de la Universidad de Tarapacá (UTA) y Cristina Dorador, Investigadora Adscrita del CATA e integrante del Departamento de Biotecnología de la Universidad de Antofagasta (UA).

La investigación se centró en la bacteria Roseovarius sp., aislada en el Salar de Llamara en el desierto de Atacama, un ambiente hipersalino del norte de Chile considerado un análogo natural de condiciones que pudieron haber existido en la Tierra primitiva e incluso en otros mundos. A partir del estudio de su metabolismo y de los gases que produce, el equipo analizó si estas moléculas podrían detectarse a escala planetaria mediante observaciones astronómicas.

“Lo más relevante de esta investigación es que conecta directamente el estudio de microorganismos extremófilos del desierto de Atacama con la búsqueda de vida en otros planetas”, explica Valeska Molina, investigadora adscrita del CATA y doctoranda de la Universidad de Atacama, quien lidera el trabajo. “Analizamos los gases producidos por la bacteria Roseovarius y sus firmas espectrales utilizando espectroscopía Raman e infrarroja, y luego comparamos estas señales con modelos de atmósferas planetarias análogas a la Tierra primitiva”, agrega.

De esta forma, el estudio muestra cómo procesos biológicos microscópicos, como el metabolismo de bacterias extremófilas, podrían generar señales químicas detectables desde enormes distancias. Esto resulta clave para la astrobiología, disciplina que busca identificar posibles biofirmas o indicios de vida en otros planetas.

De los microorganismos a los exoplanetas

La conexión entre microbiología y astronomía se establece a través de los gases que producen los organismos vivos. En la Tierra, muchas moléculas presentes en la atmósfera tienen origen biológico y reflejan procesos metabólicos que ocurren a escala microscópica.

“En la atmósfera actual de la Tierra podemos detectar biofirmas claras, como el oxígeno y el ozono producidos por la fotosíntesis, así como otros gases de origen biológico, como, por ejemplo, metano, óxido nitroso o dimetil sulfuro (fitoplancton marino) que reflejan distintos metabolismos microbianos”, explica Bárbara Rojas-Ayala. “Estos compuestos evidencian cómo la vida puede modificar la composición atmosférica de un planeta”, complementa la investigadora del CATA.

En este estudio, el equipo midió las señales espectrales de gases producidos por la bacteria Roseovarius sp., especialmente monóxido de carbono (CO) y dióxido de carbono (CO₂), para luego compararlas con modelos teóricos de atmósferas planetarias similares a las que pudo tener la Tierra en sus primeras etapas.

Estas simulaciones permiten evaluar si esas moléculas podrían detectarse en observaciones de exoplanetas utilizando telescopios como el James Webb Space Telescope (JWST) o futuros instrumentos de la próxima generación de telescopios extremadamente grandes.

El interés por este tipo de microorganismos se relaciona con la historia temprana de la vida en la Tierra. La bacteria estudiada posee enzimas clave asociadas a metabolismos muy antiguos basados en el carbono, que podrían haber estado presentes en los primeros ecosistemas del planeta.

“Elegimos estudiar Roseovarius sp. porque es una bacteria presente en ambientes extremos como los salares del desierto de Atacama, uno de los lugares más hostiles del planeta. Estos ambientes se consideran análogos naturales de condiciones que podrían existir en otros mundos”, enfatiza Molina.

Según explica Cristina Dorador “esta bacteria realiza fotosíntesis anoxigénica (sin producción de oxígeno) que es anterior a las actuales cianobacterias y era común en tapetes microbianos de la Tierra primitiva”.

Este tipo de metabolismos primitivos resulta especialmente relevante al estudiar exoplanetas, ya que muchos de ellos podrían tener atmósferas muy distintas a la de la Tierra actual.

“Muchos de los exoplanetas potencialmente habitables que conocemos probablemente no se parezcan a la Tierra moderna, por lo que sus biofirmas atmosféricas también podrían ser distintas a las que dominan hoy en nuestro planeta”, señala Rojas-Ayala.

El valor de los ambientes extremos

Los resultados también destacan el valor científico de los ecosistemas extremos del norte de Chile, donde sobreviven microorganismos capaces de adaptarse a condiciones de alta salinidad, radiación y escasez de agua.

Estos ambientes permiten estudiar metabolismos microbianos que podrían ser comunes en otros mundos. “Los extremófilos amplían nuestra comprensión de qué tipos de vida pueden existir y en qué condiciones”, afirma Valeska Molina. “Esto permite refinar, o incluso desafiar, algunas ideas actuales sobre qué señales químicas podrían indicar vida en otros planetas”.

Para Cristina Dorador, además, estos ecosistemas representan un patrimonio natural que debe ser protegido. “Estos ambientes están cada vez más amenazados, por lo que es fundamental avanzar hacia la protección de ambientes análogos a la Tierra primitiva que aún existen”, enfatiza la investigadora.

El equipo planea ampliar este enfoque en futuras investigaciones, incorporando otros microorganismos extremófilos y analizando una mayor diversidad de gases metabólicos que podrían actuar como biofirmas, así como perfeccionar los modelos atmosféricos para considerar distintos tipos de planetas y estrellas.

“Buscaremos mejorar estos modelos incorporando la relación estrella-planeta, ya que no es lo mismo una atmósfera irradiada por una estrella como el Sol que por una enana roja, mucho más pequeña, fría y activa. Ese entorno estelar influye directamente en la química atmosférica, en la acumulación de gases y en la detectabilidad de posibles biofirmas”, explica Bárbara Rojas-Ayala.

“Uno de los objetivos es estimar cuántos tránsitos planetarios serían necesarios para detectar estas biofirmas en las atmósferas de exoplanetas rocosos utilizando instrumentos actuales y futuros. El objetivo final es seguir acercándonos a una pregunta que mueve a toda la astrobiología: ¿cómo reconocer señales de vida cuando observamos otros mundos?”, concluye Valeska Molina.

Microorganismos del desierto de Atacama podrían ayudar a detectar vida en otros planetas

Estudio liderado en Chile por investigadoras del CATA analiza gases producidos por una bacteria extremófila del norte de Chile y su posible detectabilidad en atmósferas de exoplanetas similares a la Tierra primitiva.

Los microorganismos que habitan algunos de los ambientes más extremos del planeta podrían entregar pistas clave para la búsqueda de vida fuera del Sistema Solar. Un nuevo estudio realizado en Chile explora cómo los gases producidos por bacterias que viven en salares del desierto de Atacama podrían generar señales detectables en las atmósferas de exoplanetas.

La iniciativa es liderada por Valeska Molina, Investigadora Adscrita del Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines – CATA (Centro Basal de ANID) y doctoranda de la Universidad de Atacama (UDA) en colaboración con las científicas Bárbara Rojas-Ayala, Investigadora Asociada del CATA y académica de la Universidad de Tarapacá (UTA) y Cristina Dorador, Investigadora Adscrita del CATA e integrante del Departamento de Biotecnología de la Universidad de Antofagasta (UA).

La investigación se centró en la bacteria Roseovarius sp., aislada en el Salar de Llamara en el desierto de Atacama, un ambiente hipersalino del norte de Chile considerado un análogo natural de condiciones que pudieron haber existido en la Tierra primitiva e incluso en otros mundos. A partir del estudio de su metabolismo y de los gases que produce, el equipo analizó si estas moléculas podrían detectarse a escala planetaria mediante observaciones astronómicas.

“Lo más relevante de esta investigación es que conecta directamente el estudio de microorganismos extremófilos del desierto de Atacama con la búsqueda de vida en otros planetas”, explica Valeska Molina, investigadora adscrita del CATA y doctoranda de la Universidad de Atacama, quien lidera el trabajo. “Analizamos los gases producidos por la bacteria Roseovarius y sus firmas espectrales utilizando espectroscopía Raman e infrarroja, y luego comparamos estas señales con modelos de atmósferas planetarias análogas a la Tierra primitiva”, agrega.

De esta forma, el estudio muestra cómo procesos biológicos microscópicos, como el metabolismo de bacterias extremófilas, podrían generar señales químicas detectables desde enormes distancias. Esto resulta clave para la astrobiología, disciplina que busca identificar posibles biofirmas o indicios de vida en otros planetas.

De los microorganismos a los exoplanetas

La conexión entre microbiología y astronomía se establece a través de los gases que producen los organismos vivos. En la Tierra, muchas moléculas presentes en la atmósfera tienen origen biológico y reflejan procesos metabólicos que ocurren a escala microscópica.

“En la atmósfera actual de la Tierra podemos detectar biofirmas claras, como el oxígeno y el ozono producidos por la fotosíntesis, así como otros gases de origen biológico, como, por ejemplo, metano, óxido nitroso o dimetil sulfuro (fitoplancton marino) que reflejan distintos metabolismos microbianos”, explica Bárbara Rojas-Ayala. “Estos compuestos evidencian cómo la vida puede modificar la composición atmosférica de un planeta”, complementa la investigadora del CATA.

En este estudio, el equipo midió las señales espectrales de gases producidos por la bacteria Roseovarius sp., especialmente monóxido de carbono (CO) y dióxido de carbono (CO₂), para luego compararlas con modelos teóricos de atmósferas planetarias similares a las que pudo tener la Tierra en sus primeras etapas.

Estas simulaciones permiten evaluar si esas moléculas podrían detectarse en observaciones de exoplanetas utilizando telescopios como el James Webb Space Telescope (JWST) o futuros instrumentos de la próxima generación de telescopios extremadamente grandes.

El interés por este tipo de microorganismos se relaciona con la historia temprana de la vida en la Tierra. La bacteria estudiada posee enzimas clave asociadas a metabolismos muy antiguos basados en el carbono, que podrían haber estado presentes en los primeros ecosistemas del planeta.

“Elegimos estudiar Roseovarius sp. porque es una bacteria presente en ambientes extremos como los salares del desierto de Atacama, uno de los lugares más hostiles del planeta. Estos ambientes se consideran análogos naturales de condiciones que podrían existir en otros mundos”, enfatiza Molina.

Según explica Cristina Dorador “esta bacteria realiza fotosíntesis anoxigénica (sin producción de oxígeno) que es anterior a las actuales cianobacterias y era común en tapetes microbianos de la Tierra primitiva”.

Este tipo de metabolismos primitivos resulta especialmente relevante al estudiar exoplanetas, ya que muchos de ellos podrían tener atmósferas muy distintas a la de la Tierra actual.

“Muchos de los exoplanetas potencialmente habitables que conocemos probablemente no se parezcan a la Tierra moderna, por lo que sus biofirmas atmosféricas también podrían ser distintas a las que dominan hoy en nuestro planeta”, señala Rojas-Ayala.

El valor de los ambientes extremos

Los resultados también destacan el valor científico de los ecosistemas extremos del norte de Chile, donde sobreviven microorganismos capaces de adaptarse a condiciones de alta salinidad, radiación y escasez de agua.

Estos ambientes permiten estudiar metabolismos microbianos que podrían ser comunes en otros mundos. “Los extremófilos amplían nuestra comprensión de qué tipos de vida pueden existir y en qué condiciones”, afirma Valeska Molina. “Esto permite refinar, o incluso desafiar, algunas ideas actuales sobre qué señales químicas podrían indicar vida en otros planetas”.

Para Cristina Dorador, además, estos ecosistemas representan un patrimonio natural que debe ser protegido. “Estos ambientes están cada vez más amenazados, por lo que es fundamental avanzar hacia la protección de ambientes análogos a la Tierra primitiva que aún existen”, enfatiza la investigadora.

El equipo planea ampliar este enfoque en futuras investigaciones, incorporando otros microorganismos extremófilos y analizando una mayor diversidad de gases metabólicos que podrían actuar como biofirmas, así como perfeccionar los modelos atmosféricos para considerar distintos tipos de planetas y estrellas.

“Buscaremos mejorar estos modelos incorporando la relación estrella-planeta, ya que no es lo mismo una atmósfera irradiada por una estrella como el Sol que por una enana roja, mucho más pequeña, fría y activa. Ese entorno estelar influye directamente en la química atmosférica, en la acumulación de gases y en la detectabilidad de posibles biofirmas”, explica Bárbara Rojas-Ayala.

“Uno de los objetivos es estimar cuántos tránsitos planetarios serían necesarios para detectar estas biofirmas en las atmósferas de exoplanetas rocosos utilizando instrumentos actuales y futuros. El objetivo final es seguir acercándonos a una pregunta que mueve a toda la astrobiología: ¿cómo reconocer señales de vida cuando observamos otros mundos?”, concluye Valeska Molina.

 

Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines (CATA)




Correr y volver a sentirse bien

Señor Director:

 

En el Día Mundial de la Actividad Física vale la pena detenerse un momento y recordar algo que solemos pasar por alto. Moverse también puede ser un acto simple, casi íntimo.Para muchos, correr no comienza como un objetivo deportivo, sino como una necesidad. Salir a despejar la cabeza, ordenar las ideas o simplemente tener un momento propio. En ese gesto, tan cotidiano, ocurre algo profundo. El cuerpo se activa y la mente se aquieta.

 

No es casualidad. Cuando nos movemos, algo cambia. Disminuye la ansiedad, mejora el ánimo y aparece un equilibrio que en el ritmo diario muchas veces se pierde. Esa conexión entre cuerpo y mente, tan antigua como vigente, explica por qué correr sigue siendo mucho más que ejercicio para tantas personas.

 

Quizás ahí está lo esencial. No en cuánto se corre ni en la velocidad. Está en empezar, en darse ese espacio, en entender que cuidarse no siempre requiere grandes decisiones, sino pequeños hábitos sostenidos en el tiempo.

 

Porque al final, sentirse bien no es un lujo. Es una necesidad.

 

Leonardo González

Country Manager Chile ASICS




¿USTED CONFÍA EN LAS FUERZAS ARMADAS QUE TENEMOS?

Señor Director.

¿Usted confía en las Fuerzas Armadas que tenemos? Es una pregunta incómoda, pero necesaria en un mundo cada vez más incierto, donde las tensiones internacionales ya no permiten dar por garantizada la paz en ninguna región. Más allá de la confianza, lo relevante es preguntarnos si, como país, estamos realmente preparados para enfrentar los desafíos que podrían surgir.

En Chile se habla de defensa, pero muchas veces desde un lenguaje técnico o institucional que queda lejos de la ciudadanía. Sin embargo, existen preguntas que nos deberían involucrar a todos. ¿Tenemos claridad sobre cuáles son nuestras principales amenazas? ¿Hemos reflexionado sobre los escenarios en los que estas podrían manifestarse? ¿Estamos preparando nuestras instituciones en función de esos desafíos? ¿Y contamos con los mecanismos necesarios para resguardar que nuestras Fuerzas Armadas se mantengan firmemente ancladas en los principios republicanos y democráticos, sin verse influenciadas por doctrinas ajenas a ellos?

Asimismo, resulta pertinente preguntarse si estamos formando y manteniendo un personal con el mismo sentido de vocación y compromiso que históricamente ha caracterizado a estas instituciones, o si existe el riesgo de que esas motivaciones se vean progresivamente debilitadas. En contextos prolongados de paz, ese riesgo no es menor: las exigencias pueden relajarse y, sin advertirlo, una institución que debe estar siempre preparada puede perder capacidad de reacción cuando más se le necesita.

En ese contexto más amplio, no deja de ser relevante observar el tipo de sociedad en la que hoy estamos insertos. Como han señalado algunos filósofos contemporáneos, hemos transitado desde formas de vida más estables y previsibles hacia una sociedad marcada por la inmediatez, la fragilidad de los vínculos y la pérdida de referentes duraderos. Lo que antes se sostenía en el tiempo —la palabra empeñada, los compromisos, las trayectorias— hoy parece estar sujeto a cambios permanentes. En ese escenario, la formación del carácter, la disciplina y el sentido de responsabilidad adquieren un valor aún mayor, precisamente porque ya no son rasgos predominantes en el entorno social.

En esa misma línea, surge otra inquietud relevante: ¿contamos hoy con un servicio militar acorde a las necesidades actuales, o seguimos operando bajo esquemas que no han evolucionado al mismo ritmo que la sociedad? ¿Qué ha cambiado realmente entre el servicio militar de antes y el de hoy? ¿Cómo se explica el menor interés en postular a las escuelas matrices o en optar voluntariamente por realizarlo?

Pero hay una pregunta de fondo que merece mayor reflexión. ¿Debe entenderse la modernización del servicio militar como un aumento de incentivos, o como una revisión más profunda de su exigencia, disciplina y formación? En una sociedad cada vez más marcada por la inmediatez y la falta de referentes estables, ¿no debiera el servicio militar constituirse precisamente en un espacio de mayor rigor, responsabilidad y formación del carácter?

Al mismo tiempo, cabe preguntarse si mejorar el servicio militar pasa solo por ofrecer beneficios inmediatos, o por entregar un verdadero valor agregado a quienes lo realizan. No se trata únicamente de egresar con una mejor condición física o con cursos básicos, sino de generar oportunidades reales de desarrollo, como acceso a formación técnica, continuidad de estudios o certificaciones que permitan proyectar una carrera. En ese sentido, quizá el desafío no sea solo incentivar, sino integrar de mejor forma el servicio militar al desarrollo personal y profesional de quienes lo cumplen.

En esa misma lógica, cabe preguntarse también por el rol de las reservas. ¿Conocemos realmente su función? ¿Estamos aprovechando adecuadamente el potencial de los reservistas como parte del sistema de defensa del país?

Existe, además, una idea ampliamente compartida en el ámbito social: las Fuerzas Armadas no son ajenas a la sociedad, sino que forman parte de ella y, en muchos sentidos, la reflejan. Están presentes a lo largo de todo el territorio nacional y sus integrantes provienen de los más diversos contextos. Si esto es así, cabe preguntarse en qué medida los cambios que experimenta la sociedad —en sus valores, conductas y niveles de exigencia— también se manifiestan al interior de estas instituciones.

Otro aspecto que merece reflexión es el de la disciplina. En una sociedad cada vez más expuesta a conductas poco éticas y a la pérdida de referentes, ¿se están manteniendo los estándares de exigencia que la función militar requiere, o debieran estos reforzarse con mayor claridad?

También resulta legítimo preguntarse si las distintas ramas de las Fuerzas Armadas están operando de manera efectivamente integrada, o si continúan funcionando, en la práctica, como estructuras separadas. En ese mismo sentido, ¿las decisiones sobre equipamiento, planificación y desarrollo de capacidades responden a una visión de largo plazo, o están condicionadas por necesidades más inmediatas?

Finalmente, cabe reflexionar sobre la conducción de la defensa. ¿Se están priorizando criterios técnicos y profesionales en la toma de decisiones? ¿Existe una política de defensa coherente y sostenida en el tiempo, o esta tiende a variar según las autoridades de turno?

Estas preguntas no buscan instalar desconfianza, sino promover una reflexión necesaria. Porque, en definitiva, se trata de cómo un país se organiza para resguardar su seguridad y proyectar su estabilidad en el tiempo. Y, en medio de estas interrogantes, surge una última reflexión que no deja de ser relevante: ¿por qué, pese a todas estas dudas, nuestras Fuerzas Armadas, Carabineros, Bomberos y otras instituciones similares mantienen altos niveles de confianza ciudadana en comparación con otras instituciones del país?

Abrir este debate de manera transparente no debiera ser motivo de inquietud, sino una señal de responsabilidad y madurez. La deliberación pública no debiera ser evitada, sino promovida. Como ciudadanos, compartimos un espacio común que nos obliga a participar con responsabilidad, especialmente en aquellos temas que comprometen el futuro del país. Más allá de nuestras diferencias, existen mínimos éticos que nos permiten convivir y dialogar en la esfera pública. En ese marco, opinar con respeto y fundamento no solo es un derecho, sino también una responsabilidad. Escuchar esas voces, diversas pero necesarias, contribuye a fortalecer una conversación que no puede quedar restringida a unos pocos.

 

Christian Slater E.

Coronel (R) del Ejército de Chile.

Mg. Ciencias Militares.




Mazazo transversal para PyMEs

Señor Director:

El alza en el precio de los combustibles no solo presiona la inflación, también tensiona directamente la operación de las pymes. En la práctica, impacta toda su cadena de costos: transporte, logística, proveedores y producción.

El problema es que este shock llega en un momento particularmente complejo, con costos ya presionados al alza por el tipo de cambio y los fletes internacionales. A ello se suma un escenario externo aún incierto que apunta hacia condiciones financieras globales más restrictivas: menor liquidez, crédito más caro y márgenes que se estrechan al límite. Para una pyme que opera con flujos de caja frágiles, cuando los costos suben por varios frentes al mismo tiempo, el margen de error simplemente desaparece.

Ahí está el verdadero riesgo. No es solo más inflación, es menor actividad, inversión postergada y empresas que comienzan a quedar fuera. En esa dimensión, este tipo de alzas no es transitorio y puede tener efectos persistentes sobre la capacidad de crecer.

Ignorar esa dimensión puede terminar profundizando un problema que, más temprano que tarde, se refleja en toda la economía.

Hans Huber

Risk & Portfolio Associate




Clínicas de Chile sobre Alerta Sanitaria

20 de marzo 2026.  Como Clínicas de Chile valoramos el anuncio realizado hoy por el Presidente José Antonio Kast y la ministra de Salud, May Chomali, respecto del Decreto de Alerta Sanitaria Oncológica no GES y GES retrasadas. Todas las iniciativas orientadas a fortalecer el acceso oportuno y la continuidad de la atención de los pacientes son muy relevantes, particularmente cuando abordan patologías de alta complejidad como el cáncer.

La colaboración público-privada ha demostrado ser vital para avanzar en las necesidades y problemáticas que enfrentamos como país. Como sector prestador privado, contamos con la capacidad de atención y resolución. Por ello, reiteramos nuestra permanente disposición a participar activamente en la búsqueda de soluciones concretas para responder a la ciudadanía y resolver las abultadas listas de espera de manera pronta y efectiva.

 

Clínicas de Chile A.G.




Pymes y shocks externos

Señor director:

Cada crisis internacional esconde un tema en el que poco se profundiza: la fragilidad de las pymes ante los shocks externos. Cuando sube el dólar o el precio de la energía, muchas de ellas ven aumentar sus costos de forma inmediata, especialmente en sectores como transporte, comercio o manufactura, altamente dependientes de insumos importados.

La incertidumbre económica suele encarecer y limitar el acceso al crédito justo cuando las empresas más necesitan liquidez, debido a que las cadenas de suministro y los flujos de pago pueden verse fuertemente afectados.

¿El resultado? Más presión sobre los márgenes, menor capacidad de financiamiento y un escenario cada vez más difícil para sostener la operación.

En un mes de gran actividad para las pymes como lo es marzo —cuando muchas veces se juegan parte importante de los ingresos del año—, el desafío es, más que reaccionar a la crisis, construir resiliencia mediante planificación financiera, diversificación de proveedores y políticas estrictas de riesgo en la venta a crédito. En escenarios globales volátiles, la liquidez deja de ser una ventaja y pasa a ser una condición básica de supervivencia.

 

Hans Huber




Más allá de la contingencia, una cuestión de principios.

Señor Director:

 

Durante años el plinto permaneció vacío. No era solo un bloque de piedra en medio de la ciudad; era un vacío en la memoria. Un espacio donde antes hubo figura y luego solo quedaron consignas, pintura y una pregunta suspendida en el aire.

En octubre de 2024 publiqué en mi blog personal una breve ficción titulada “La Revolución del Sentido Común”, en la que imaginaba el momento en que el país decidiera recuperar coherencia institucional también en el plano simbólico. Allí el retorno de la estatua no era revancha ni imposición, sino un gesto sereno: la señal de que la historia no se cancela y de que los símbolos no se destruyen sin consecuencias.

No se trata de decidir quién camina por la derecha o por la izquierda, ni de dividir la plaza en bandos. Se trata de recordar que, antes de las posiciones, existe una historia compartida.

Hoy, cuando el Consejo de Monumentos debate su retorno y reconoce la connotación política de la decisión, la cuestión de fondo es ética. ¿Qué principios orientarán al nuevo gobierno y qué responsabilidad asumirá la ciudadanía frente a sus decisiones?

Porque el poder no se legitima por el triunfo, sino por su subordinación al deber. Y los símbolos recuperan sentido cuando se sostienen en prudencia, justicia y responsabilidad.

Baquedano no es solo una estatua. Es una señal de continuidad histórica.

Y la continuidad, asumida con madurez, puede transformarse en unidad.

La reflexión publicada en 2024 puede leerse en: ¿QUÉ PODRÍA HABER OCURRIDO SI KAST HUBIESE GANADO EL 2021?

Christian Slater E.
Mg. Ciencias Militares.




Uso de celulares en los colegios: entre la prohibición, la regulación y la educación

Sr Director

El acceso a celulares es parte de la vida actual desde temprana edad: niños y niñas adquieren su primer celular en promedio antes de los 9 años. Este acceso temprano es complejo porque ocurre en plena etapa del desarrollo donde muchas habilidades no se han adquirido, lo que junto a un uso inadecuado puede causar problemas en diversas dimensiones del desarrollo.

Debido a la falta de información y estudios, además de los avances y la rápida adopción de la tecnología, no se habían tomado medidas adaptativas ni preventivas para los efectos que el uso de celulares puede causar en niños, como el proyecto de ley aprobado que entrará en vigor en marzo de 2026.

Actualmente, se deben buscar acciones que permitan el equilibrio entre el buen uso de la tecnología, recogiendo sus beneficios y previniendo sus efectos negativos.

 

La ley que prohíbe el uso de celulares abre un debate entre la prohibición, la regulación y la educación, al tiempo que surge como una respuesta a una necesidad evidente: los dispositivos móviles son una fuente constante de problemas en educación.

 

Experiencias internacionales demuestran que se han implementado medidas para regular y/o prohibir el uso de celulares con buenos resultados, de igual forma, la UNESCO en el informe GEM 2023, recomienda que se prohíban los celulares en las escuelas porque distraen a los estudiantes y afectan su aprendizaje.

 

En Chile, algunas comunidades ya han implementado medidas de regulación, reconociendo que la adaptación no fue fácil, pero que, con el tiempo, ha producido efectos positivos en la convivencia y lo académico, demostrando que puede ser una estrategia valiosa. Algunos desafíos que se vislumbran tendrán relación a las dificultades para adoptar esta medida, el trabajo con las familias, afrontar las resistencias de cada comunidad, y promover el cambio cultural para que sea una medida sostenible en el tiempo.

 

La tecnología es parte esencial de la vida actual y una competencia indispensable para el trabajo del futuro, por ello, es imprescindible incorporar a futuro asignaturas sobre el uso ético, técnico y responsable para avanzar a un uso consciente y responsable.

 

La prohibición no puede ser la única vía, el verdadero desafío es cultural: aprender a convivir con la tecnología, desarrollando habilidades para usarla con conciencia, sentido y responsabilidad.

 

 

 

Ana María Tello

 

Directora Escuela de Educación Iplacex