Universidad Bernardo O’Higgins: donde las oportunidades tienen rostro

Señor Director:

A 36 años de su fundación, las cifras muestran una universidad que ha crecido; sus estudiantes, profesores y funcionarios permiten comprender la dimensión humana de esa transformación.

Una reciente entrevista publicada por La Tercera al rector de la Universidad Bernardo O’Higgins (UBO), Claudio Ruff, entrega antecedentes que permiten dimensionar cuánto puede transformarse una institución universitaria en poco más de una generación. La UBO acaba de cumplir 36 años y, entre las cifras que menciona su rector, hay algunas especialmente llamativas: cuando asumió en 2011, la universidad contaba con apenas dos académicos con doctorado y hoy son cerca de 300; en ese mismo período, mientras la cantidad de estudiantes aproximadamente se duplicó, el patrimonio institucional se multiplicó por cinco. A ello se agregan el desarrollo de la investigación, la internacionalización, el fortalecimiento académico y una creciente preocupación por la empleabilidad de sus egresados, todos antecedentes que permiten apreciar una evolución institucional que va bastante más allá del crecimiento de la matrícula.

 

Mientras leía aquella entrevista pensé inevitablemente en lo que uno observa desde otro lugar de la universidad: la sala de clases. Hace pocos días llegué a la UBO alrededor de las 8:15 de la mañana. Mi clase comenzaba a las 8:30 y ya había dos alumnas esperando. Una estaba sentada al fondo, visiblemente cansada; la otra aprovechaba esos minutos frente a un pequeño computador. Les pregunté por qué habían llegado tan temprano y sus respuestas me hicieron recordar algo que los profesores nunca debiéramos olvidar. Una venía desde El Quisco y la otra desde Melipilla. Esta última se levantaba aproximadamente a las cinco de la mañana, la acercaban en automóvil hasta donde podía tomar un bus, luego debía continuar hasta el Metro y desde allí completar su recorrido hacia la universidad. Cuando a las 8:30 comienza la clase, el profesor ve a una estudiante sentada frente a él, pero muchas veces desconoce las horas de viaje, el cansancio y el esfuerzo que existieron antes de que esa joven cruzara la puerta de la sala.

 

El semestre pasado viví una experiencia parecida. Una alumna se quedaba dormida con cierta frecuencia durante la clase y habría sido muy fácil concluir que tenía poco interés, que no descansaba lo suficiente por irresponsabilidad o que simplemente no estaba comprometida. Preferí conversar con ella al término de una jornada y preguntarle qué ocurría. Sus amigas quisieron acompañarla y, naturalmente, no había inconveniente. Entonces me explicó que trabajaba en un restaurante y lavaba platos hasta tarde, por lo que algunas mañanas llegaba a clases después de haber dormido apenas unas horas. Situaciones como esas enseñan también al profesor, porque nos recuerdan que vemos al estudiante desde el momento en que entra a nuestra sala, mientras su vida comenzó varias horas antes y puede incluir trabajo, largos desplazamientos, responsabilidades familiares o dificultades que desconocemos completamente.

 

Estas historias adquieren especial significado cuando hablamos de gratuidad. El apoyo del Estado ha permitido que miles de jóvenes puedan acceder a la educación superior sin que la situación económica de sus familias constituya la barrera que fue para generaciones anteriores, pero gratuidad nunca ha significado ausencia de esfuerzo. Hay estudiantes que recorren decenas de kilómetros todos los días, combinan distintos medios de transporte, trabajan después de clases, ayudan a sus familias o comienzan su jornada cuando todavía está oscuro. El Estado contribuye financiando esa oportunidad con recursos que provienen del conjunto de la sociedad, incluidas naturalmente las propias familias de estos jóvenes, mientras cada estudiante aporta algo que ninguna política pública puede reemplazar: perseverancia, responsabilidad y la voluntad de aprovechar una posibilidad que puede modificar profundamente su futuro.

 

Hace algunas semanas tuve también la oportunidad de conversar en el programa Voces de Mando de El Periodista TV con el vicerrector de la Universidad Bernardo O’Higgins, Jorge Arias. Durante esa conversación apareció un antecedente que adquiere un significado especial cuando uno conoce historias como las de estos estudiantes: antes de ocupar una de las principales responsabilidades académicas de la institución, Arias fue alumno de la misma universidad. No se trata de presentar esa trayectoria como una medida de éxito aplicable a todos ni de suponer que cada estudiante debe aspirar a recorrer un camino semejante, sino de recordar hasta dónde puede proyectarse una oportunidad educacional cuando se combina con esfuerzo, formación y desarrollo profesional. Para quienes hacemos clases constituye además una buena advertencia: nunca sabemos realmente hasta dónde puede llegar la persona que hoy está sentada frente a nosotros.

 

En aquella conversación hablamos de pensamiento crítico, responsabilidad social, formación ética, inteligencia artificial y de los desafíos que enfrentarán las nuevas generaciones de profesionales. También abordamos el ideario de Bernardo O’Higgins, quien da nombre a la universidad, y la vigencia que mantienen valores asociados a su figura como la educación, el servicio, la responsabilidad y la preocupación por el país. Son temas que complementan muy bien la evolución descrita por Claudio Ruff, porque el crecimiento patrimonial, la incorporación de académicos con doctorado, el desarrollo de la investigación, la internacionalización y el fortalecimiento de las capacidades institucionales muestran una universidad que ha ido ampliando las condiciones necesarias para enseñar, investigar y formar profesionales preparados para un mundo que está cambiando a enorme velocidad.

 

Con el paso de estos meses he ido descubriendo, además, que esa universidad no se conoce solamente conversando con sus autoridades ni observando sus estadísticas. Como profesor la encuentro todos los días en situaciones bastante más sencillas: en mi coordinadora académica de Responsabilidad Social Universitaria, que orienta, acompaña y ayuda a resolver las dudas propias de quien debe ir conociendo una institución desde dentro; y también en una persona que, casi como un ángel que se cruzó en mi camino, me ayudó desde el primer momento a resolver un trámite que debo realizar ante el Servicio de Impuestos Internos y que, hasta hoy, todos los meses se sienta conmigo, me orienta, me corrige y me ayuda a hacer bien algo que todavía no logro resolver completamente solo. Puede parecer una situación menor, pero es justamente en esas ayudas entregadas con paciencia y buena disposición donde uno comienza también a percibir el carácter humano de una institución.

 

Esa misma disposición la encuentro en la persona que desde muy temprano abre una sala, enciende las luces y pone en funcionamiento la calefacción antes de que lleguen alumnos y profesores; en el joven de la sala de profesores que registra nuestra presencia y siempre responde con buena disposición; en el guardia que cada mañana recibe, pregunta, orienta y, con el paso del tiempo, comienza también a reconocer a quienes llegamos regularmente a hacer clases. Son funciones distintas, algunas más visibles que otras, pero todas contribuyen a que la actividad académica pueda desarrollarse con normalidad y a que quienes llegamos a trabajar a la universidad vayamos reconociendo rostros, costumbres y personas que terminan haciendo más cercana una institución que, al comienzo, naturalmente resulta desconocida.

 

También la he encontrado en profesores con más experiencia dentro de la universidad, algunos conocidos simplemente en una conversación de pocos minutos en la sala de profesores o al cruzarnos en un pasillo, que espontáneamente ayudan a resolver aquellas cosas que para quien recién se incorpora pueden parecer más difíciles de lo que realmente son. Así he aprendido mejor a manejar la intranet, a comprender procedimientos internos y a aprovechar el Aula Virtual, una plataforma que personalmente me ha sorprendido por su calidad, organización y utilidad para el trabajo docente. Nada de aquello constituye una hazaña extraordinaria, pero precisamente por eso resulta importante: una institución también se construye con personas que están dispuestas a detenerse algunos minutos para orientar a otro y permitir que haga mejor su trabajo.

 

En estos meses esa sensación de comunidad me deparó incluso una sorpresa personal que no esperaba: reencontrarme dentro de la universidad con una joven sobrina que trabaja allí y a quien fue una enorme alegría volver a ver. Puede parecer un detalle ajeno a una reflexión sobre educación superior, pero para mí terminó sumándose a una experiencia que se ha ido construyendo con muchas pequeñas situaciones, encuentros y conversaciones. Una universidad puede tener miles de estudiantes, cientos de académicos, investigadores, funcionarios y autoridades, pero para quien llega a ella por primera vez esa gran estructura comienza a adquirir rostro cuando reconoce personas, aprende sus nombres, recibe una orientación, encuentra cooperación y poco a poco deja de sentirse simplemente alguien que viene a impartir una clase para empezar a sentirse parte de una comunidad.

 

Tal vez por eso, cuando se habla del ideario de Bernardo O’Higgins y de valores como el servicio, la responsabilidad o la preocupación por los demás, no es necesario buscarlos únicamente en grandes declaraciones institucionales. También pueden reconocerse en conductas mucho más cotidianas: en quien llega temprano para que una sala esté preparada, en quien ayuda a un profesor a resolver un trámite, en quien explica una plataforma a un colega, en quien acompaña a un estudiante con dificultades o simplemente en quien recibe con amabilidad a otra persona. Quizás sea en esas expresiones sencillas donde aquello que podríamos llamar un espíritu o’higginiano deja de ser solamente una referencia histórica y comienza a percibirse, discretamente, en los pasillos de una universidad que lleva su nombre.

 

Mirados desde esa perspectiva, los 36 años de la Universidad Bernardo O’Higgins pueden contarse de varias maneras. Las cifras que entrega Claudio Ruff muestran cuánto ha crecido y se ha transformado institucionalmente; la trayectoria de Jorge Arias demuestra una de las múltiples posibilidades que puede abrir la educación a lo largo de una vida; y las historias de quienes se levantan a las cinco de la mañana para viajar desde Melipilla, llegan desde El Quisco o trabajan hasta tarde lavando platos antes de volver a clases muestran cuánto esfuerzo humano existe detrás de una matrícula universitaria. Junto a ellos están los profesores, coordinadores, administrativos, auxiliares, personal de seguridad y tantas otras personas cuyos nombres probablemente nunca aparecerán en un ranking, pero cuyo trabajo cotidiano permite que todas esas cifras, proyectos y propósitos institucionales puedan hacerse realidad.

 

En tiempos de inteligencia artificial y de transformaciones tecnológicas aceleradas, las universidades necesariamente deberán seguir desarrollando investigación, infraestructura, capacidades académicas, internacionalización y nuevas herramientas de enseñanza. La experiencia cotidiana muestra al mismo tiempo que esos avances pueden convivir perfectamente con algo profundamente humano: conocer a las personas, comprender las distintas realidades desde las cuales llegan, exigir cuando corresponde, orientar cuando es necesario y ofrecer oportunidades para que cada uno pueda desarrollar aquello que es capaz de llegar a ser. Quizás sea precisamente en ese encuentro entre crecimiento institucional, calidad académica, esfuerzo personal, servicio y comunidad donde mejor se comprende por qué, en la Universidad Bernardo O’Higgins, las oportunidades tienen rostro.

 

Christian Slater E.

Docente de pregrado, Universidad Bernardo O’Higgins (UBO).

Responsabilidad Social Universitaria.




MILLONARIO ROBO EN COLEGIO EL LLANO

Delincuentes forzaron este fin de semana (30 de agosto) puertas, destruyeron puertas de salas y pañoles, robando una veintena de computadores y herramientas por un valor cercano a los 80 millones de pesos. El Colegio El Llano esta ubicado en el corazón de la Villa Cuatro Alamos.

Son otros tiempos, de los excolegios municipalizados que hasta el penúltimo año municipalizado tenían guardias nocturnos, hoy solo cámara de un alt5o costo mensual y sus resultados no solo en este colegio, sencillamente no prestan el servicio requerido ya que esa noche ni siquiera se detectó el corte de energía eléctrica. que debió preocuparlos.

Apoderados que no desean ser identificados por temor a los delincuentes, indican que descerrajaron la puerta de acceso, rompieron puertas y ventanas para aproximadamente 18 computadores, herramientas del pañol, dejando a los alumnos y docentes sin una herramienta fundamental: el computador.

Las estimaciones sobre el valor de reposición suman cerca de 80 millones de pesos, tema que, en este nuevo sistema de dependencia de los Servicio Locales de Educación Pública, SLEP, se ve muy lejana una reposición.

Este robo complicara a unos 200 alumnos, que verán interrumpido sus estudios o al menos no contaran con la implementación necesario para un buen cometido educacional.

¿Habrá que recurrir a las completadas, choripanadas y rifas?, es decir que sean los apoderados quienes resuelvan este tema de implementación.

Los apoderados están indignados por la falta de seguridad del colegio y sus hijos escolares; aunque han criticado duramente al SLEP en sus pancartas, los apoderados  esperan rápidas soluciones de parte, ojala con intervención del Gobierno por el bien de los alumnos y la educación maipucina.




¿PREPARANDO EL TERRENO PARA OTRO ESTALLIDO SOCIAL?

CARTA AL DIRECTOR

A casi siete años del estallido social de octubre de 2019, hay señales que deberían preocuparnos.

Afiches atribuidos a los denominados Grupos de Acción Popular (GAP) han comenzado a aparecer en las inmediaciones de varios liceos emblemáticos de Santiago. Sus mensajes no llaman simplemente a protestar: hablan de “rebelión”, “lucha revolucionaria” y de destruir las estructuras que, según ellos, sostienen un sistema “injusto y cruel”.

 

¿Casualidad? Difícil saberlo.

 

Lo que sí resulta llamativo es el lugar escogido: precisamente los liceos que durante años han sido escenario de tomas, barricadas, enfrentamientos y episodios de violencia. No son espacios cualquiera. Tienen capacidad de movilización y, como quedó demostrado en 2019, pueden convertirse en el punto de partida de conflictos de alcance nacional.




“CLAUDITO EL FARÁNDULERO” SUMO SU FOTO NUMERO 150 CON CECILIA BOLOCCO

“Claudito el Farandulero”, cuyo nombre real es Claudio Sánchez, es un conocido personaje y vecino de la comuna de Maipú que se ha ganado el cariño de la comunidad.

Claudito el farandulero es un joven maipucino de 30 años, conocido personaje y vecino de la comuna de Maipú, que se ha hecho popular a nivel local gracias a su simpatía y su enorme entusiasmo por el mundo del espectáculo.

Su pasatiempo principal —y por el cual se ganó el apodo— consiste en recopilar fotografías junto a figuras públicas, rostros de televisión, políticos y destacados artistas que forman parte de la escena nacional. Este año cumplió uno de sus sueños, compromiso adquirido el año recién pasado: lograr una foto con la Reina de Chile, la ex Miss Universo Cecilia Bolocco, tema que lo tiene feliz en su foto número 150 con artistas connotados, que espera llegar a 200 a fines de este año 2026

 

Claudito es un apasionado de los medios de comunicación y su gran aspiración pública es poder desempeñarse algún día como panelista en un programa de televisión.

Quienes lo conocen en Maipú lo describen como un joven muy esforzado, hincha de Universidad Católica, amante del reggaetón y muy cercano a su familia, destacando siempre por su perseverancia para cumplir sus metas.




PEÑA FOLCLORICA EN APOYO DE MILITANTE DC

Para este sábado 29 de agosto la Corporación Sol de Maipo tiene en su programa de ayuda solidaria realizar una Peña Folclórica para acudir en ayuda de una militante del PDC que perdió su casa en incendio.

Fernando Ahumada, presidente del comunal Maipú del PDC hace un llamado a la militancia de Maipú a participar de un evento solidario a realizarse en la Casa Central del PDC, ubicada en Av. Bernardo O´Higgins1460 a partir de las 17:00 horas.

La jornada se realizará en el auditórium de la sede nacional, lugar donde se presentarán diferentes grupos folclóricos, cantautores y solistas, todos con ganas de mostrar solidaridad con una militante que sufrió el incendio de su casa.

Quienes concurran podrán apoyar adquiriendo comidas típicas, bebidas y otros embelecos, cuyos ingresos serán para Pamela Silva, quien sufrió el incendio de su casa.




Medicamentos vencidos: gestión que requiere información y planificación

DECLARACIÓN PÚBLICA
Medicamentos vencidos: gestión que requiere información y planificación.

A propósito del reportaje emitido por Chilevisión, “Remedios a la basura, vencen antes de sanar”, el Colegio de Químicos Farmacéuticos y Bioquímicos de Chile considera necesario aportar antecedentes que permitan abordar la situación de los medicamentos vencidos en la red asistencial con la profundidad y rigurosidad que requiere la gestión de un bien sanitario público.


El reportaje toma la información ya resuelta en sumarios anteriores e informes que Contraloría realizó para las comunas de Cerro Navia y Coquimbo durante 2025, que ya cuentan con resolución y plan de mejoras, así como también una consulta masiva realizada vía Ley de Transparencia a diferentes comunas.

La existencia de medicamentos que alcanzan su fecha de vencimiento constituye una merma que debe ser gestionada y reducida. Sin embargo, evaluar la eficiencia únicamente a partir del número de unidades o del monto de los medicamentos vencidos puede conducir a conclusiones incompletas. Para evaluar adecuadamente la gestión resulta indispensable conocer qué porcentaje representan estas pérdidas respecto del total adquirido y gestionado, además de sus causas, naturaleza y distribución. Asimismo, el Colegio advierte que las cifras presentadas y comparadas en el reportaje no necesariamente responden a criterios equivalentes.

Para que una comparación sea válida, los datos deben considerar unidades de análisis, períodos, metodologías y condiciones comparables, lo que la consulta por Transparencia no entrega.

Que un medicamento alcance su fecha de vencimiento puede obedecer a múltiples factores: variaciones en la demanda, cambios en tratamientos o prestaciones, contingencias sanitarias, dificultades de almacenamiento y distribución, incorporación de nuevos GES con rotación incipiente, protocolización de fármacos ministeriales, entre otros. También puede ocurrir que su utilización sea escasa, pero debe estar en el arsenal disponible ante una urgencia o cuya presentación clínica no permite adquirir menos unidades.

Por ello, no resulta adecuado instalar la idea de que los establecimientos de salud prefieren que los medicamentos se venzan antes que entregarlos a los pacientes. Un medicamento próximo a vencer tampoco puede simplemente entregarse a la población: su utilización debe responder a sus indicaciones, condiciones de conservación y, cuando corresponde, a una prescripción médica.

La reducción de estas pérdidas requiere abordar toda la cadena. Desde la industria farmacéutica existe espacio para avanzar en formulaciones más robustas y estables, siempre respaldadas por estudios de estabilidad que garanticen calidad, seguridad y eficacia. También resulta necesario analizar las diferencias en los períodos de vida útil de los medicamentos disponibles en el país y la recepción, a través de CENABAST, de productos con vencimientos relativamente próximos, que pueden dificultar su utilización oportuna, por lo que se requiere mejorar las políticas de canje y los mecanismos para su gestión.

Mientras no se disponga de un sistema informático integral, con un arsenal único, homologado, estandarizado e interconectado para toda la cadena de abastecimiento, continuarán coexistiendo metodologías rudimentarias y un alto nivel de gestión local. La ausencia de estas herramientas limita la generación de alertas automáticas de vencimiento, la anticipación de excedentes y la redistribución oportuna. Su implementación requiere inversión en adquisición, licenciamiento, infraestructura, mantención, actualización y capacitación, por lo que debe existir una planificación progresiva y sostenible.

Asimismo, el Colegio valora el aporte de los químicos farmacéuticos en la gestión de medicamentos y los avances derivados del FOFAR (Fondo de Farmacia) para fortalecer su presencia en Atención Primaria de Salud. Sin embargo, aún existen establecimientos que no cuentan con este profesional, pese a que su participación resulta fundamental para la planificación, adquisición, almacenamiento, control de inventarios, rotación, distribución y dispensación, además de los servicios farmacéuticos disponibles a la comunidad, en todos sus niveles de atención. Muchos de los farmacéuticos de Atención Primaria cumplen varios de estos roles a la vez, en realidades disímiles dentro de la APS y con una sobrecarga laboral latente.

El medicamento constituye un recurso sanitario valioso y escaso. Por ello, el Colegio estima necesario fortalecer la coordinación entre industria farmacéutica, Instituto de Salud Pública, CENABAST y red asistencial, tanto en hospitales como en Atención Primaria, con el propósito de optimizar los períodos de vida útil, mejorar la planificación de adquisiciones y facilitar la redistribución de medicamentos antes de que se transformen en pérdidas.

Para avanzar en esta dirección se requiere contar con espacios de almacenamiento adecuados; sistemas informáticos integrados; un arsenal estandarizado e interconectado; dotación suficiente de químicos farmacéuticos y personal técnico capacitado; mecanismos institucionalizados de rotación, préstamo, permuta y traspaso; y procesos ágiles de canje y redistribución a través de CENABAST, así como también el compromiso de todos los participantes de la cadena del medicamento y la prescripción en salud.

La pérdida de medicamentos representa una utilización ineficiente de recursos públicos y debe ser enfrentada con decisión. Sin embargo, la solución no pasa por responsabilizar exclusivamente a los equipos de farmacia, sino por fortalecer las condiciones que permiten una gestión eficiente en cada etapa de la cadena. También es necesario considerar que existen pérdidas por vencimiento o alertas sanitarias, que resultan inevitables y deben mantenerse en los márgenes aceptados para la industria farmacéutica para centros con buena gestión, con parámetros establecidos y que permitan trazabilidad y justificación de estas mermas.

El Colegio de Químicos Farmacéuticos y Bioquímicos de Chile estima necesario avanzar hacia una política integral de gestión de medicamentos, centralizada y que permita optimizar este recurso sanitario, asegurar su disponibilidad oportuna para los pacientes y reducir las pérdidas evitables, sin comprometer su calidad, seguridad y eficacia.

Colegio de Químicos Farmacéuticos y Bioquímicos de Chile

SANTIAGO, 19 de agosto 2026

 

 




FALLECIO CARLOS TORRES, DIRIGENTE DE FERIAS LIBRES

Ayer falleció el destacado dirigente social Carlos Torres Alvarez, su velatorio se realiza en la Sede social Ubicada en calle Valle de los Reyes 1751, cerca de Las Tinajas, sector Poniente de la comuna de Maipú.

Carlos Torres fue un destacado dirigente social y político desde su aparición en Maipú, destacándose por su rol de defensa del trabajador de ferias Libres, tema que en su oportunidad lo enfrentó con el apoyo de la ex concejala Carol Bornick.

Como político participó en la directiva del PD y fue precandidato a concejal por el PPD el año 2020

En su calidad de dirigente local de las ferias es electo por sus pares para integrar el Consejo de la Sociedad Civil, COSOC, logrando en esos tiempos que el alcalde asumiera las ponencias en tiempos de pandemia.

Nuestras condolencias a la familia de Carlos torres, que al partir deja enseñanza y abandona su dolor terrenal de sus últimos meses para iniciar su camino al Palacio Celestial donde se encontrara con muchos dirigentes con quienes discutió sobre el mejorar el trato y lugares de trabajo en ferias libres de Maipú y que se escuchara el clamor ciudadano para que el desarrollo de la comuna pasara sobre las personas.

Su funeral se realizará mañana y esperamos el lugar y hora, que señalaremos oportunamente.




CUANDO EL ESTADO COMIENZA A PERDER TERRENO. 

Señor Director:

El alcalde de Maipú, Tomás Vodanovic, fue uno de los primeros en pedir apoyo militar acotado frente a la crisis de seguridad. Hoy, cuando el Gobierno propone nuevas herramientas constitucionales contra el narcotráfico, el crimen organizado y el terrorismo, sería especialmente interesante conocer su opinión.

La propuesta del Gobierno para introducir cambios constitucionales destinados a enfrentar el terrorismo, el narcotráfico y el crimen organizado merece una discusión bastante más profunda que la habitual controversia entre oficialismo y oposición. Lo que está en juego no es solamente disponer de nuevas herramientas policiales o modificar algunos artículos de la Constitución, sino determinar qué debe hacer el Estado cuando organizaciones criminales comienzan a disputarle espacios de autoridad, control territorial y, finalmente, poder.

Hace pocos días, en Voces de Mando, de El Periodista TV, conversé con el general en retiro John Griffiths sobre la necesidad de que Chile avance hacia una verdadera estrategia de seguridad nacional. Una de las cuestiones que surgió en esa conversación es que existen amenazas que pueden comenzar como problemas propios de la seguridad pública, pero que por su capacidad económica, sus conexiones internacionales, su penetración institucional y el control que llegan a ejercer sobre determinados territorios terminan adquiriendo una dimensión mucho más amplia.

En esta misma materia, el coronel en retiro y académico Jorge Sanz ha hecho un aporte que considero especialmente interesante. Él ha advertido que el crimen organizado ya no puede entenderse únicamente como narcotráfico, porque controla territorios, corrompe instituciones y desafía al Estado. Concuerdo plenamente con esa mirada. La droga produce dinero, pero ese dinero permite comprar voluntades, intimidar comunidades, financiar estructuras criminales, corromper funcionarios y ejercer autoridad allí donde el Estado comienza a retroceder. El problema cambia de naturaleza cuando una organización delictual deja de limitarse a infringir la ley y comienza a ocupar espacios de poder que legítimamente corresponden al Estado.

Desde esa perspectiva, la reforma constitucional que impulsa el Gobierno resulta particularmente relevante. Entre otras materias, busca establecer nuevas herramientas para enfrentar organizaciones criminales y terroristas y permitir una intervención especial en territorios gravemente afectados por ellas. Naturalmente han aparecido reparos, incluso desde sectores políticos que han sostenido posiciones firmes en materia de seguridad, mientras desde la oposición se han planteado prevenciones respecto de derechos, facultades excepcionales y controles institucionales. Es legítimo discutir cada uno de esos aspectos y establecer todos los resguardos necesarios, pero otra cosa muy distinta sería que esas prevenciones terminaran inmovilizando al Estado frente a organizaciones que precisamente aprovechan sus debilidades, vacíos y demoras.

Tampoco debiéramos abordar esta discusión como si Chile estuviera inventando una extravagancia. Basta mirar lo que ocurre en otras partes del mundo. En Francia e Italia es habitual encontrar militares protegiendo aeropuertos, estaciones ferroviarias e infraestructura crítica; Estados Unidos emplea fuerzas militares y de la Guardia Nacional en determinadas tareas fronterizas y de apoyo; Ecuador ha debido combinar directamente capacidades policiales y militares frente al avance del crimen organizado, y Colombia articula desde hace años el empleo de ambas instituciones frente a organizaciones armadas y criminales. Brasil también ha recurrido, bajo mecanismos jurídicos propios, al empleo de sus Fuerzas Armadas en operaciones de seguridad interior. Cada país tiene su historia, sus normas y sus procedimientos, pero todos han debido adaptarse a amenazas que cambiaron. Chile también debe vivir la realidad.

Eso no significa buscar soluciones fáciles ni improvisadas. Tampoco parece razonable resolver el problema colocando simplemente a las Fuerzas Armadas bajo la conducción operativa de Carabineros. Son instituciones distintas, con formación, doctrina, jerarquías, cultura profesional y misiones diferentes. El verdadero problema está más arriba y es esencialmente político: quién conduce, quién ejecuta y quién responde cuando el Estado decide emplear conjuntamente capacidades policiales y militares.

Las Fuerzas Armadas dependen de una autoridad civil y las policías también. Si el Estado determina que frente a determinadas amenazas deben actuar coordinadamente, corresponde que sea precisamente esa conducción política la que defina los objetivos, establezca los límites, distribuya responsabilidades y asuma también las consecuencias de las decisiones adoptadas. No parece razonable que una dificultad política termine transformándose en un problema entregado a los uniformados para que sean ellos quienes resuelvan, en los hechos, quién manda a quién.

En este punto echo de menos también una posición pública y clara de Carabineros de Chile. No parece conveniente que una institución con su historia y tradición simplemente espere a conocer qué resolverá finalmente la autoridad política respecto del mando de una eventual operación conjunta. Si policías y Fuerzas Armadas van a actuar en un mismo territorio, esa cuestión debe quedar despejada antes de que salgan a la calle. En mi opinión, la conducción política debe permanecer inequívocamente en la autoridad civil y, en el nivel operativo, debe existir un mando único previamente establecido, respetando las jerarquías, antigüedades y tradiciones institucionales de las fuerzas participantes. Lo que no parece razonable es improvisar una subordinación entre instituciones porque administrativamente resulte más sencillo. Estas materias se resuelven antes de una crisis, no durante ella.

Para Maipú esta discusión tiene, además, una dimensión especialmente concreta. Su alcalde, Tomás Vodanovic, pidió en 2024 apoyo militar acotado para determinadas tareas de seguridad, protección de infraestructura crítica y recuperación de sectores afectados por hechos graves de violencia. Aquello provocó sorpresa en su propio sector político, pero también puso sobre la mesa algo que los alcaldes conocen antes que muchos otros: son ellos quienes observan directamente cuándo una banda se instala, cuándo el narcotráfico intimida a los vecinos, cuándo un barrio comienza a deteriorarse y cuándo determinados espacios empiezan a escapar del control cotidiano del Estado.

Por eso sería particularmente interesante conocer hoy la posición del alcalde Vodanovic frente a esta reforma. Lo que hace dos años planteó desde la experiencia concreta de Maipú se encuentra ahora dentro de una discusión nacional mucho más amplia. No se trata de militarizar las comunas ni de reemplazar a las policías, sino de determinar qué instrumentos necesita legítimamente el Estado cuando las capacidades ordinarias resultan insuficientes frente a organizaciones que buscan mucho más que enriquecerse con la droga.

Porque lo verdaderamente grave comienza cuando el dinero del narcotráfico se transforma en influencia, la influencia en control territorial y ese control en poder sobre personas, barrios e instituciones. En ese momento, el problema deja de ser solamente policial y pasa a comprometer algo esencial: la capacidad del Estado para ejercer autoridad efectiva sobre su propio territorio.

Y ese es un poder que el Estado no puede abandonar.

Christian Slater E.

 

NOTA REDACCIÓN: Favor solo enviar comentarios unipersonales, no por proxi abutados.




Los costos ocultos tras el cierre del Paso Los Libertadores

El principal corredor terrestre entre Chile y Argentina cumple cuatro semanas sin operar y las pérdidas asociadas al cierre ya se estiman en cerca de US$200 millones. Combustible, horas de trabajo, seguridad de la carga, cadena de frío y mayores emisiones son algunos de los costos que se acumulan mientras los camiones permanecen detenidos.

El cierre del Paso Fronterizo Los Libertadores ya completa cuatro semanas, evidenciando el impacto que una interrupción prolongada puede generar sobre la cadena logística. Las pérdidas asociadas a esta paralización se estiman en cerca de US$200 millones y más de 2.000 camiones permanecen varados en territorio argentino a la espera de la reapertura.

La magnitud del problema se explica por la importancia estratégica de este corredor: más del 70% de la carga terrestre entre Chile y Argentina transita por Los Libertadores.

Más allá de las pérdidas globales, cada día detenido genera costos adicionales para las empresas de transporte: combustible y energía, horas de trabajo y permanencia de los conductores, cumplimiento de contratos, seguridad de las mercancías y conservación de productos que requieren cadena de frío.

“Cuando un camión se queda detenido varios días, no sólo tenemos un problema de tiempo. La empresa necesita conocer dónde está el vehículo, cuánto lleva detenido, cómo está la carga y qué costos está acumulando. Mientras más se extiende una interrupción, más difícil es tomar una decisión sin información”, explica Rodrigo Serrano, VP Corporativo de Innovación y Desarrollo de Wisetrack.

Uno de los puntos más sensibles son las cargas que requieren temperatura controlada. Mantener operativos los sistemas de refrigeración durante una espera prolongada implica mayor consumo energético y exige monitorear permanentemente las condiciones de los productos. A esto se suma el riesgo de seguridad cuando vehículos y mercancías permanecen durante días en zonas de espera.

¿Esperar o buscar una ruta alternativa?

Frente a una interrupción prolongada, una de las decisiones más complejas es determinar cuándo conviene seguir esperando y cuándo resulta más eficiente redirigir el vehículo. Una ruta alternativa puede significar cientos de kilómetros adicionales y mayor consumo de combustible, pero, dependiendo del tipo de carga y la duración del cierre, podría resultar menos costosa que permanecer detenido.

La información en tiempo real permite comparar variables como ubicación, tiempos de detención, consumo, autonomía, condiciones de la carga y rutas disponibles.

“No se trata sólo de saber dónde está el camión, sino de estimar cuánto cuesta mantenerlo detenido versus cuánto costaría desviarlo. Contar con esa información permite transformar una contingencia en una decisión basada en datos y reaccionar antes de que los costos sigan aumentando”, señala el VP de Wisetrack.

A ello se suma el impacto ambiental: los vehículos que deben mantener sistemas en funcionamiento continúan consumiendo energía y generando emisiones sin que la carga avance, agregando otro costo a una paralización que ya se extiende por cuatro semanas.

 




¡QUE VIVAN LOS COMUNISTAS Y LOS FACHOS!

Hoy, mientras avanzaba por Santiago, vi las cabinas del nuevo teleférico desplazándose sobre la ciudad en su etapa de pruebas. Abajo seguíamos entre automóviles, edificios y esa cordillera que muchas veces ya ni miramos. No sé muy bien por qué, pero aquella escena me produjo algo que hace tiempo no sentía con tanta claridad frente a una obra pública: esperanza. Me imaginé esas cabinas llenas de familias, trabajadores, estudiantes y niños, personas que pensarán y votarán distinto, pero que viajarán juntas sin preguntarse si quien está sentado al lado es comunista, facho, de izquierda o de derecha. Y pensé que quizás llevamos demasiado tiempo mirando el Chile equivocado.

Porque mientras discutimos existe otro Chile que trabaja, construye, invierte, estudia, emprende, combate el crimen e intenta recuperar el crecimiento. Fue mirando esas cabinas cuando se me ocurrió una provocación: ¡que vivan los comunistas y los fachos!

 

No hablo de los extremos ni de quienes justifican la violencia. Hablo de tantos chilenos a quienes encerramos cómodamente bajo alguna de esas etiquetas. Algunos se acercaron a ideas comunistas porque conocieron pobreza, abuso o injusticias y creen sinceramente que una sociedad mejor necesita mayor igualdad. Puedo discrepar profundamente de sus respuestas sin considerarlos menos patriotas. Otros son llamados fachos porque exigen orden, defienden la propiedad y no olvidan la violencia de 2019: incendios, saqueos, estaciones y carros del Metro destruidos, buses quemados, ataques con bombas incendiarias a Carabineros, monumentos vandalizados, La Moneda amenazada, sectores de Santiago bajo el temor de turbas y saqueos, una violencia de tal magnitud que llevó al Estado a decretar la emergencia y desplegar a las Fuerzas Armadas, e incluso la representación pública del Presidente de la República bajo una guillotina. Rechazar aquello tampoco convierte a nadie en extremista.

 

Hace poco escribí en mi blog El Deber Ser sobre el whataboutism: la evasión que empobrece el debate público, esa costumbre de no responder, sino de contestar con las culpas del otro. Si alguien habla de Allende, aparece Pinochet; si habla de Pinochet, aparece Allende. Si unos hablan de reconciliación, otros responden sin perdón ni olvido; si unos reclaman justicia, otros hablan de venganza; si aparecen los detenidos desaparecidos, alguien responde con los presos políticos. Seguimos atrapados en las mismas veredas desde las cuales, hace más de cincuenta años, los chilenos no fuimos capaces de resolver nuestras diferencias.

 

Por todo lo que aquello significó y por las equivocaciones de las cuales, de una u otra manera, debemos hacernos responsables como sociedad, creo que ya es tiempo de buscar reconciliación. El problema es que aquellas trincheras continúan siendo demasiado útiles para una parte de nuestra clase política. Mantener un enemigo, un resentimiento y una división permite conservar adhesiones, protagonismo y poder. Esa es la mala política: la que necesita que sigamos enfrentados porque encuentra en nuestras diferencias una razón para seguir siendo indispensable.

 

A mí me interesa poco quién pensó, licitó o inició el teleférico que vi hoy. Me interesa que funcione. Lo mismo ocurre con el Puente Chacao, las líneas del Metro, los trenes, hospitales, carreteras o cualquier proyecto capaz de mejorar la vida de las personas. Chile no puede comenzar nuevamente cada cuatro años.

 

Por eso quiero que al actual gobierno le vaya bien. Quiero que consiga destrabar inversiones sin renunciar a las regulaciones necesarias, abrir mercados, fortalecer las relaciones con nuestros vecinos, enfrentar con seriedad los problemas de Codelco, combatir al crimen organizado, el narcotráfico y el terrorismo, recuperar seguridad, generar empleo y hacer crecer nuevamente nuestra economía. Y quiero que saque adelante su propuesta de Reconstrucción Nacional y Desarrollo Económico y Social, porque siempre he creído que reconstruir no consiste solamente en reparar lo destruido, sino también en aprovechar la oportunidad para volver a levantar, invertir, crecer y mirar hacia adelante. El proyecto ha obligado además a mostrar con bastante claridad dónde están las prioridades de cada cual: mientras unos pueden legítimamente discutir sus mecanismos, cuesta entender a quienes parecen anteponer la conveniencia de sus partidos, sus pequeñas trincheras o su propia supervivencia política a cualquier posibilidad de que Chile vuelva a crecer. Si algo comenzó antes, que este gobierno lo continúe; si estaba detenido, que lo destrabe; si está mal, que lo corrija; y si funciona, que lo profundice. Nunca he entendido a quienes necesitan que un gobierno fracase para demostrar después que tenían razón, porque cuando un gobierno fracasa no pierde un partido político: termina pagando Chile.

 

Quizás por eso me molesta tanto cierto pesimismo profesional instalado en nuestra conversación pública. Hay reconocidos comentaristas y analistas que han construido prestigio, audiencia, rating y finalmente un negocio alrededor de la crítica permanente. La crítica es indispensable, pero otra cosa es necesitar encontrar una falla detrás de cada avance, una sospecha detrás de cada buena noticia y una intención oscura detrás de cualquier proyecto. Mantener a una audiencia permanentemente indignada puede ser rentable; convencer a una sociedad de que nada funciona, nadie merece confianza y cualquier esperanza es ingenua resulta bastante más dañino.

 

Después de tantos años de elecciones, plebiscitos, campañas y enfrentamientos, quizás Chile necesita simplemente volver a trabajar, crecer y construir. Aquel teleférico me hizo pensar por algunos minutos menos en el país que discute sobre quién tuvo razón hace cincuenta años y más en el país que todavía puede construir pensando en los próximos cincuenta.

 

Y si los comunistas y los fachos de los que hablo son aquellos ciudadanos que trabajan, estudian, producen, emprenden, crían hijos, quieren vivir seguros y todavía creen que Chile puede ser mejor, entonces bienvenidos sean todos. Tal vez llegó el momento de mirar menos la etiqueta de quien rema a nuestro lado y preocuparnos mucho más de volver a remar en la misma dirección.

 

Christian Slater E.

MG Ciencias Militares

De mis apuntes de Ética