RIFA: AYUDA SOLIDARIA  A JAIME CARTAGENA

Mal de salud se encuentra Jaime Cartagena Córdova, ex dirigente de la Corfuma, ex dirigente de Abrazo y colaborador con Abraham Lincoln. Con ese fin se realizará una rifa para solventar gastos que permitan recuperar su salud.El octogenario dirigente, que no hace más de un años concurría a los campos deportivos a ver a su último club: Abraham Lincoln, pero sin olvidar que era “azul de República”, el club de gran parte de su vida: Abrazo de Maipú, se encuentra delicado de salud.

A los problemas de su corazón, se juntan otros problemas propios de la edad, por ello su hija determinó realizar una rifa para palear en algo los gastos en que se incurre de manera de mantenerlo con el menor tipo de problemas y hacer su vida más agradable.

Recurre al futbol maipucino donde dejó muchos amigos, pero principalmente dos generaciones  ligadas al futbol que conocieron de sus gestiones para que la selección tuviera todo para concurrir a lugares como Arica, Cauquenes y otros campeonatos donde los jugadores conocieron otras experiencias. Demás está recordar que en su gestión se logró construir lo que fue la sede de la Corfuma.

Hoy pasa por un mal momento y si bien es reacio a pedir ayuda, su hija quiere que tenga un mejor pasar, lo que sabemos en salud significan recursos.

Para aportar esta la cuenta esta la cuarenta RUT 12. 464.689-8, Bancoestado a nombre de Jacqueline Cartagena; para comprar números para la rifa o preguntar por su salud o comprar números para la RIFA está el fono +56 9 4556 0588, donde se comunicaran con su hija Jacqueline Cartagena.

El mensaje es para la clase dirigente y deportiva, que es el momento de cooperar por la buena salud de Jaime Cartagena.

 

ENTREVISTAS DEL RECUERDO

 

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Premio Nacional de Derechos Humanos 2026: INDH extiende la presentación de postulaciones hasta el 25 de mayo

Esta convocatoria está dirigida a personas, organizaciones e instituciones para que presenten candidaturas a la octava versión del Premio Nacional de Derechos Humanos.

El Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) extendió las postulaciones de la octava versión del Premio Nacional de Derechos Humanos hasta el próximo lunes 25 de mayo a las 17 horas. La iniciativa organizada por el INDH busca reconocer a una persona con una destacada trayectoria y contribución a la promoción, defensa y exigibilidad de los derechos humanos en Chile.

 

 

El Premio Nacional de Derechos Humanos se otorga cada dos años y cuenta con el mismo rango institucional que el resto de galardones de esta naturaleza entregados en el país. Busca destacar y visibilizar la trayectoria y aporte sobresaliente en la defensa de los derechos humanos, en su sentido más amplio.

 

 

 

¿Cómo postular?

 

 

Las postulaciones y antecedentes deben ser presentados por terceros (organizaciones, instituciones o personas naturales). Estas deben cumplir con las bases que rigen la convocatoria. El Consejo del INDH deliberará en base a los antecedentes en calidad de jurado, conforme a lo que determina la Ley N° 24.405.

 

 

Como forma de facilitar la presentación de candidaturas, el INDH ha dispuesto un formulario online, disponible en el sitio web. De igual manera, las candidaturas podrán ser presentadas en formato impreso en todas las sedes del instituto a lo largo del país. (Ver direcciones de las sedes regionales aquí).

 

 

El Premio Nacional de Derechos Humanos es de carácter participativo, por lo tanto, la articulación y generación de apoyos es fundamental. La iniciativa no considera autonominaciones y corresponde a un reconocimiento sólo a personas vivas, no admite reconocimientos póstumos.

 

 

Conforme a lo establecido por la Ley N° 19.169 sobre premios nacionales en Chile, la persona galardonada este 2026 obtendrá un diploma de reconocimiento junto con una suma única de dinero y una pensión vitalicia.

 

 

Cualquier consulta al respecto se debe dirigir al correo electrónico premionacional@indh.cl.

 

 

 

Premios Nacionales de Derechos Humanos

 

 

En sus siete versiones anteriores, el premio se otorgó a distinguidas defensoras y defensores de derechos humanos. En 2011 fue reconocida Viviana Diaz Caro, por su incansable labor durante la dictadura y posterior a ésta. En 2014 se le entregó a María Soledad Cisternas, por su destacado trabajo en pos de los derechos de las personas en situación de discapacidad. En 2016 fue otorgado al sacerdote jesuita José Aldunate Lyon, por su dedicación a la defensa de los derechos humanos durante la dictadura, así como su permanente compromiso con la defensa y promoción de los derechos económicos, sociales y culturales.

 

 

En 2018 lo recibió la reconocida abogada Fabiola Letelier del Solar, por su trabajo en materia de verdad, justicia y reparación a las víctimas de la dictadura; en 2020, en tanto, lo recibió el abogado Roberto Garretón Merino, incansable defensor de personas perseguidas por la dictadura. En 2022, fue galardonada Elizabeth Andrade Huaringa, defensora del derecho a la vivienda en la Región de Antofagasta. Y, por último, en 2024 fue otorgado al secretario ejecutivo de la Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (FASIC), Claudio González Urbina, por su aporte en el ámbito de la verdad, justicia, reparación y acompañamiento a las víctimas de la dictadura.

 

 

Enlaces para la convocatoria:

 

 

 

  • Descargar las bases del Premio Nacional de Derechos Humanos 2026
  • Formulario para presentar una candidatura en línea
  • Descargar formulario para presentar una candidatura en formato físico
  • Descargar declaración sobre inhabilidades
  • Descargar formato de recolección de firmas de apoyo
  • Descargar Ley 20.405 que crea el Premio Nacional de Derechos Humanos
  • Descargar Ley 19.169 sobre otorgamiento de premios nacionales en Chile
  • Descargar Reglamento Premio Nacional de Derechos Humanos
  • Descargar Resolución que Aprueba Bases para la Presentación de Postulaciones al Premio Nacional de Derechos Humanos 2026.

 

 

 

 

 

Saludos cordiales

 

Instituto Nacional de Derechos Humanos




Chile no puede seguir mirando al espacio desde la galería

En FIDAE 2026 conversamos sobre la formación de astronautas chilenos, y de ahí salió una convicción común: impulsar un programa aeroespacial se parece mucho a cualquier proyecto transformador serio. Chile, si quiere dar un salto real, tiene que asumir ese desafío con ambición y con método.

El desarrollo espacial es una apuesta estratégica. Implica reducir dependencia tecnológica, generar conocimiento, formar talento y abrir nuevas oportunidades para el desarrollo científico y productivo del país, con impactos reales en áreas como el monitoreo ambiental, la gestión de desastres y la planificación territorial.

Chile ya ha dado pasos relevantes con el Sistema Nacional Satelital y el Centro Espacial Nacional en Cerrillos, iniciativas que articulan al Estado, la academia y la Fuerza Aérea en torno al desarrollo de capacidades tecnológicas propias. Esto permite avanzar desde la observación hacia la construcción de una base institucional y técnica.

Sin embargo, la infraestructura no basta. Un programa espacial requiere continuidad, formación y colaboración. Es clave impulsar vocaciones en STEM, generar oportunidades para científicos e ingenieros y consolidar instituciones que trabajen de forma coordinada. Sin capital humano, no hay desarrollo sostenible.

En ese sentido, FIDAE 2026 dejó señales alentadoras. La Dirección Espacial de la FACH anunció un convenio con la Universidad La Sapienza de Roma para fortalecer el Programa Espacial Nacional en diseño, integración y proyección de sistemas espaciales, además de la formación de talento nacional. También se presentó Atacama Space, fondo internacional para financiar proyectos espaciales chilenos que comenzará a materializarse desde octubre en el Centro Espacial Nacional. A eso se suma la creación de un Consorcio Espacial Nacional, impulsado por la academia, actores privados nacionales e internacionales, con la gestión de la Asociación Chilena del Espacio y el patrocinio del Minciencia y la Fuerza Aérea de Chile.

Si convergen infraestructura, cooperación internacional, financiamiento y talento, el desarrollo espacial deja de ser algo abstracto y comienza a tomar forma como política pública e industria. Chile puede integrarse de a poco a esta nueva economía, pero requiere una decisión clara: dejar de observar desde fuera y asumir un rol activo.

Hoy existe la posibilidad concreta de que una chilena llegue a la Estación Espacial Internacional, y eso no representa solo una meta personal, sino también una señal relevante de los avances que Chile empieza a mostrar en materia aeroespacial. Nos ilusiona, pero debe ir acompañado de un proyecto integral de país, con formación, desarrollo tecnológico e inversión de largo plazo. La pregunta es: ¿estará Chile a la altura de quienes ya están abriendo ese camino?

Chile no puede seguir mirando al espacio desde la galería. Debe involucrarse, construir y participar. Porque el futuro aeroespacial no se espera: se prepara.

Firmantes:

Daniel Daccarett, Cofundador de Emprende Tu Mente.
Matilde Gaete, Estudiante de Ingeniería Física de la Pontificia Universidad Católica de Chile y seleccionada por el Programa del International Institute for Astronautical Sciences (IIAS) de Florida, Estados Unidos.
Klaus von Storch, Oficial retirado de la Fuerza Aérea de Chile y excandidato a astronauta.




Carta pública a Cathy Barriga: cuando la injusticia deja de ser ajena.

Señora Cathy Barriga:

He leído sus palabras a propósito de la situación judicial que hoy afecta a su entorno familiar, especialmente tras la resolución que dejó en prisión preventiva a su marido, el diputado Joaquín Lavín León. Usted ha hablado de injusticia, de fortaleza, de dolor familiar y también de la forma en que ciertos medios de comunicación pueden instalar relatos, amplificar prejuicios y transformar un proceso judicial en un espectáculo público.

Comprendo que una situación así golpea no solo a quien enfrenta directamente una resolución judicial, sino también a su familia, a sus hijos, a sus cercanos y a todos quienes sienten que una decisión de esta naturaleza puede alterar la vida entera de una familia.

Precisamente por eso me permito escribirle esta carta pública.

No lo hago para aumentar su dolor ni para juzgarla personalmente. Tampoco para pronunciarme sobre el fondo de las causas judiciales que hoy afectan a su familia, ni para atribuir inocencia o culpabilidad a nadie. Eso corresponde a los tribunales. Esta carta nace, especialmente, a partir de sus declaraciones públicas ante la resolución que dejó en prisión preventiva a su marido. Lo hago para invitarla a mirar más allá de su propia experiencia y preguntarse si esa misma sensibilidad frente a la injusticia, al juicio público anticipado, al daño familiar y a la exposición mediática ha existido cuando quienes sufren no pertenecen a su mundo político, social o comunicacional.

Porque esa sensación que usted hoy expresa —la de sentirse expuesta, incomprendida, juzgada o golpeada por el sistema— también la viven desde hace años muchas familias de personas privadas de libertad en Punta Peuco. Familias que no tienen tribuna permanente, que no aparecen en matinales, que no cuentan con redes de protección política ni con la solidaridad automática de quienes suelen conmoverse solo cuando el dolor toca a los propios.

Entre esas personas quiero mencionar a un hombre concreto: Julio Ernesto Castañer González, coronel en retiro del Ejército de Chile, hoy privado de libertad y cumpliendo una condena de 20 años por el llamado Caso Quemados, uno de los episodios más dramáticos y emblemáticos ocurridos durante el Gobierno Militar.

Me refiero a los hechos del 2 de julio de 1986, cuando Rodrigo Rojas de Negri y Carmen Gloria Quintana resultaron gravemente quemados, muriendo posteriormente Rodrigo y sobreviviendo Carmen Gloria con lesiones gravísimas. Nadie puede desconocer la tragedia de esos hechos ni el dolor humano que provocaron.

Pero una cosa es reconocer la tragedia, y otra muy distinta es aceptar sin preguntas que, casi 38 años después, una persona sea condenada sobre la base de inferencias, supuestos, declaraciones aparecidas casi 30 años después y una supuesta “concertación” que, al menos desde mi lectura, no aparece demostrada mediante una orden directa, una confesión o una participación personal concreta.

Julio Castañer no fue condenado en la primera causa judicial. Esa causa fue conocida por la Justicia Militar, revisada por la Corte Marcial y finalmente por la Corte Suprema el 14 de diciembre de 1994, ya en plena democracia. En ese primer ciclo judicial, Julio Castañer no fue condenado, no fue establecido como autor y no recibió sanción penal alguna.

Ese antecedente es fundamental.

Sé perfectamente que existe una sentencia posterior. No pretendo desconocerla ni reemplazar a los tribunales. Pero también sé que una sentencia no clausura necesariamente toda pregunta ética. El derecho tiene formas, procedimientos y decisiones finales; pero la justicia, en su dimensión más profunda, exige también preguntarse si los procesos fueron plenamente justos, si las pruebas fueron suficientemente sólidas, si las defensas fueron escuchadas sin prejuicio y si la verdad judicial coincidió realmente con la verdad histórica.

En el caso de Julio Castañer, mi preocupación de fondo es precisamente esa: que pueda estar cumpliendo una condena no por una participación personal, directa y concreta en los hechos que terminaron con Carmen Gloria Quintana gravemente herida y Rodrigo Rojas de Negri fallecido, sino por una construcción posterior levantada sobre inferencias, presunciones, testimonios aparecidos casi treinta años después y una supuesta “concertación” que no aparece demostrada mediante una orden directa, una confesión o una declaración expresa que lo comprometa personalmente.

Esa diferencia no es menor. Es esencial.

Porque una justicia verdaderamente ética no puede condenar por ambiente, por época, por uniforme, por destino institucional o por pertenencia a una unidad. En un Estado de Derecho, la responsabilidad penal debe ser siempre personal, concreta y probada. No colectiva. No simbólica. No histórica. No institucional.

Los hechos ocurrieron el 2 de julio de 1986. La causa original fue conocida por la Justicia Militar, revisada por la Corte Marcial y finalmente por la Corte Suprema el 14 de diciembre de 1994, ya en plena democracia. En esa causa, Julio Castañer no fue condenado.

Sin embargo, casi 21 años después de ese pronunciamiento de la Corte Suprema, y 29 años después de ocurridos los hechos, la causa fue reabierta. Luego, el 21 de marzo de 2019, es decir, 32 años y 8 meses después de los hechos, Julio Castañer fue condenado por primera vez. Posteriormente, el 21 de marzo de 2022, 35 años y 8 meses después de los hechos, la Corte de Apelaciones aumentó su condena a 20 años. Finalmente, el 5 de enero de 2024, 37 años y 6 meses después de los hechos, la Corte Suprema dejó firme esa condena.

Ese dato no puede ser tratado como una simple referencia cronológica. Condenar a una persona casi 38 años después exige un estándar probatorio especialmente severo, no más flexible. Exige hechos concretos, claros, directos y verificables. No puede descansar en inferencias amplias, reconstrucciones tardías o en lo que un juez, una sala o una mayoría considere suficiente sin despejar razonablemente las dudas esenciales.

Y aquí, señora Barriga, aparece una primera coincidencia humana con lo que usted misma ha expresado: cuando una persona siente que la justicia ya no mira su caso con equilibrio, sino que parece avanzar acompañada por una corriente pública, política o comunicacional, la familia completa queda atrapada en una angustia muy difícil de explicar. Usted hoy lo vive desde su realidad. Otras familias lo han vivido por años, sin que casi nadie se detenga a escucharlas.

En una oportunidad escribí también una carta dirigida a Carmen Gloria Quintana, publicada en el medio Prensa Local. No lo hice para negar su dolor ni para relativizar la tragedia que ella vivió junto a Rodrigo Rojas de Negri. Al contrario: lo hice desde el respeto a su sufrimiento y, al mismo tiempo, para agradecer algo que considero éticamente relevante.

Hasta donde he conocido sus declaraciones y los antecedentes del caso, Carmen Gloria Quintana nunca identificó a Julio Castañer como uno de sus victimarios directos. Y no lo habría hecho por una razón que, a mi juicio, resulta fundamental: según los antecedentes que sostienen quienes defienden su inocencia, ella nunca lo enfrentó, nunca lo conoció en esas circunstancias y nunca lo vio como parte de la patrulla que la detuvo.

Ella se refirió a militares vestidos con uniforme de combate, trajes de mimetismo, fusiles, cascos y rostros pintados de negro. No habló de civiles. Julio Castañer, según esos mismos antecedentes, no vestía uniforme de combate en esa circunstancia, no portaba fusil, no llevaba casco, no tenía la cara pintada y se encontraba de civil, acompañado por dos suboficiales.

Más aún, hasta donde he conocido, Julio Castañer no fue nombrado, visto ni reconocido por Carmen Gloria Quintana como uno de sus victimarios directos. Ese dato, en una causa de esta gravedad, no puede ser tratado como una simple irrelevancia.

Por eso, mi reflexión no busca desconocer lo ocurrido ni minimizar la tragedia. Busca algo distinto: recordar que incluso en los casos más dolorosos la responsabilidad penal debe ser personal, concreta y acreditada. No se puede condenar por contexto, por pertenencia institucional, por clima histórico o por la necesidad social de encontrar responsables. Se debe condenar por hechos probados y por participación individual demostrada.

En ese punto, el silencio de Carmen Gloria Quintana respecto de Julio Castañer no me parece menor. Al contrario, me parece un antecedente ético que debió ser ponderado con especial cuidado en una causa donde una persona terminó condenada por hechos respecto de los cuales la propia víctima sobreviviente nunca lo señaló como autor directo.

También existe otro elemento que, para quienes conocemos la vida militar, resulta imposible omitir. En una situación operativa, la autoridad corresponde al oficial más antiguo y a quien tiene el mando efectivo de la patrulla, los vehículos, el personal y los detenidos. En ese marco, lo relevante no es cargar responsabilidades adicionales sobre otros condenados, sino precisar lo que Julio Castañer no era y no hizo.

Julio Castañer no era el oficial más antiguo a cargo del procedimiento.

Julio Castañer no mandaba la patrulla que detuvo a Rodrigo Rojas de Negri y Carmen Gloria Quintana.

Julio Castañer no tenía bajo su mando directo los vehículos en que se desarrolló el procedimiento inicial.

Julio Castañer no fue quien detuvo a Rodrigo Rojas de Negri y Carmen Gloria Quintana.

Julio Castañer no aparece señalado por la víctima sobreviviente como uno de los militares que la enfrentó, la redujo o la tuvo bajo custodia inicial.

Julio Castañer no aparece, en los antecedentes que he revisado, dando una orden directa de quemar, abandonar o impedir auxilio médico.

Julio Castañer no aparece confesando participación ni siendo incriminado por una declaración expresa del oficial que tenía la conducción principal del procedimiento.

Eso es lo que debe quedar claro.

No se trata de trasladar toda la responsabilidad hacia otra persona ni de cargarle la mano a quien ya enfrentó una condena y hoy enfrenta otra. Se trata de algo distinto y mucho más elemental: no se puede construir la responsabilidad penal de Julio Castañer sobre aquello que no hizo, sobre aquello que no mandaba, sobre aquello que no controlaba directamente o sobre conversaciones cuyo contenido no aparece probado de manera clara.

La sentencia habla de “concertación”, pero esa concertación aparece construida sobre reuniones, desplazamientos y presencia física. No sobre una confesión. No sobre una orden directa. No sobre una frase concreta. No sobre una declaración inequívoca que diga que Julio Castañer se puso de acuerdo para cometer un crimen.

Y en derecho penal, la diferencia entre probar y suponer es decisiva.

A todo lo anterior se suma el contexto de la reapertura. Y aquí, señora Barriga, vuelvo a su propia experiencia. Usted ha criticado la forma en que los medios tratan ciertos casos, cómo exponen, cómo caricaturizan, cómo instalan imágenes y cómo transforman un proceso judicial en una condena social anticipada. Pues bien, eso mismo —con otras características, con otro contexto y con otra gravedad histórica— también ocurrió en torno a la reapertura del caso de Julio Castañer.

No fue una reapertura silenciosa ni estrictamente judicial. Fue acompañada por una intensa instalación comunicacional. Hubo cobertura televisiva, exposición pública, funas y una inmediatez mediática que merece, al menos, ser examinada. Julio Castañer, viviendo en Punta Arenas, se enteró de su detención cuando personal de la PDI llegó a buscarlo a su casa; sin embargo, en el aeropuerto ya había personas esperándolo para increparlo, insultarlo y agredirlo públicamente. Es decir, muchos parecían saber lo que venía antes que el propio afectado.

¿No es eso, señora Barriga, parte del mismo problema que usted hoy denuncia cuando habla del daño que provocan ciertos medios? ¿No es también una forma de condena anticipada?

¿No es una señal preocupante cuando la exposición pública parece correr más rápido que el expediente, más rápido que la prudencia y, a veces, más rápido que la propia justicia?

También debe recordarse el rol que tuvo un equipo de televisión en la instalación pública de la nueva versión del caso. Años después, un exsoldado declaró ante notario que había mentido y que había incriminado falsamente a militares. Según esa declaración, habría sido llevado a un hotel, vestido, alimentado y preparado para sostener una versión determinada antes de declarar.

Ese antecedente no podía tratarse como un simple detalle. Si era falso, debía investigarse con seriedad. Si era verdadero, con mayor razón. Lo inaceptable es que una declaración obtenida casi 30 años después de los hechos pueda servir para reabrir una causa y construir una condena, mientras una retractación posterior, también formalizada ante notario, sea relativizada o desatendida sin la misma energía investigativa.

Usted sabe hoy, por experiencia propia, cuánto daño puede causar un relato público cuando se instala antes de que la justicia hable con plena claridad. Sabe lo que significa que la imagen de una persona sea reducida a un titular, a una cuña, a una caricatura o a un juicio televisivo. Por eso mismo, quizás hoy pueda comprender mejor lo que otras familias han sentido durante años al ver que sus maridos, padres o abuelos fueron convertidos en símbolos útiles para un relato, antes que en personas concretas con derecho a ser escuchadas con humanidad.

La defensa de Castañer acompañó una declaración prestada ante notario por un exsoldado que, según esa defensa, tenía importancia trascendental para demostrar que Julio Castañer no tenía participación en los hechos. Esa declaración fue acompañada, no fue objetada y, sin embargo, no recibió —al menos desde mi mirada— la ponderación que merecía.

A esto se suma un antecedente humano que no puede pasar inadvertido: según se ha sostenido, Julio Castañer nunca conoció, vio ni habló personalmente con el juez Mario Carroza antes de ser condenado por primera vez. En una causa de esta gravedad, donde una persona terminó enfrentando una condena de 20 años, ese dato no es menor. Un juez puede leer expedientes, revisar declaraciones y dictar sentencias, pero cuando se decide sobre la libertad de una persona por décadas, la justicia también debiera tener la humildad humana de mirar al acusado, escucharlo y despejar directamente sus dudas esenciales.

La esposa de Julio Castañer, Jeannette Reyes, ha debido cargar con esa ausencia con sobriedad, reserva y dignidad. Y aquí, señora Barriga, la analogía humana resulta inevitable. Usted hoy sabe lo que significa mirar a su marido privado de libertad y sentir que la familia completa queda bajo sospecha, bajo exposición y bajo dolor. Jeannette Reyes ha vivido algo semejante durante años, pero en silencio, sin cámaras, sin matinales, sin redes de apoyo político y sin una opinión pública dispuesta a escuchar sus razones.

Jeannette Reyes no solo ha debido luchar por su marido. Ha debido luchar también por sostener su propia existencia emocional, familiar y moral frente a una condena que, aunque formalmente recae sobre una persona, termina golpeando a toda una familia. Ha debido sostener la dignidad de sus hijos, cuidar la memoria familiar, enfrentar el aislamiento social y resistir el peso de una condena pública que muchas veces no acepta preguntas, matices ni dudas razonables.

Tal vez hoy, desde su propio dolor, usted pueda comprender mejor a mujeres como ella. Mujeres que no aparecieron en televisión para explicar su sufrimiento. Mujeres que no fueron convertidas en causa por ningún sector político. Mujeres que debieron aprender a vivir entre expedientes, silencios, visitas, acusaciones, ausencias y años que nadie devuelve.

Los hijos de Julio Castañer también han debido enfrentar el peso de una condena pública y familiar que pocos quisieron escuchar con verdadera humanidad. No hubo para ellos cámaras disponibles, ni espacios permanentes de explicación, ni redes sociales transformadas en causa, ni solidaridad política transversal. Hubo, más bien, silencio, distancia y una comodidad moral muy propia de quienes prefieren no mirar cuando la posible injusticia afecta a personas incómodas para el relato dominante.

Por eso la pregunta es inevitable, señora Barriga: ¿dónde estaban usted, su sector político y tantos dirigentes que hoy hablan de injusticia cuando otras familias chilenas vivían un calvario semejante, pero sin cámaras, sin protección mediática y sin compasión pública?

¿Dónde estaba esa sensibilidad cuando esposas e hijos de militares en retiro golpeaban puertas para pedir, al menos, una mirada humana, jurídica y ética sobre sus casos?

¿Dónde estaba la preocupación por el debido proceso, por la proporcionalidad de las penas, por la dignidad de las familias y por el sufrimiento de quienes también creen haber sido víctimas de una justicia incompleta?

No le pido que comparta mi opinión. No le pido que defienda a Julio Castañer. No le pido siquiera que entre al fondo de una causa compleja y dolorosa para Chile. Le pido algo mucho más simple y, al mismo tiempo, mucho más difícil: coherencia moral.

Porque la injusticia no comienza a ser injusticia cuando afecta a los cercanos. La prisión no empieza a doler cuando toca la puerta de quienes tienen apellido conocido. La familia no empieza a sufrir cuando el detenido pertenece al propio sector. Y el debido proceso no puede ser una bandera que se levanta solo cuando resulta políticamente conveniente.

Usted ha contado con tribuna pública, cobertura mediática, redes sociales y posibilidades reales de explicar su situación, defenderse, pedir apoyo y generar empatía. Otras familias no han tenido esa oportunidad. Han debido vivir su dolor en silencio, muchas veces señaladas, muchas veces despreciadas y casi siempre ignoradas.

Por eso, la pregunta no es cómo cada persona enfrenta su propio calvario. La pregunta es por qué algunas causas despiertan compasión inmediata, mientras otras son ignoradas durante años por razones políticas, ideológicas o simplemente por comodidad moral.

Y aquí surge otra pregunta que Chile parece evitar: ¿cuándo veremos a un juez bajar del pedestal de la infalibilidad?

 

¿Cuándo veremos a un magistrado reconocer que, aun investido de autoridad, sigue siendo un ser humano capaz de equivocarse? ¿Cuándo veremos a un tribunal decir, al menos, “tengo dudas”? No para destruir la justicia, sino precisamente para dignificarla.

Porque administrar justicia no convierte a nadie en dueño de la verdad absoluta. Al contrario: mientras mayor es el poder de decidir sobre la libertad, la honra y la vida familiar de una persona, mayor debiera ser también la humildad ética para revisar, dudar y corregir cuando los antecedentes así lo aconsejan.

La ética judicial no consiste solo en aplicar normas, dictar sentencias y cerrar expedientes. Consiste también en comprender que detrás de cada fallo hay vidas concretas, esposas, hijos, nietos, familias, nombres, dolores y años que nadie devuelve.

Nadie le pide a un juez que termine perseguido por haber resuelto conforme a lo que creyó probado en su momento. Pero sí sería esperable, en una sociedad madura, que existiera la grandeza moral de reconocer que una verdad judicial puede ser revisada, especialmente cuando el tiempo, nuevos antecedentes o la conciencia pública comienzan a mostrar grietas razonables en aquello que alguna vez se tuvo por cierto.

Y aquí conviene decirlo con claridad: en materia penal, la duda no refuerza una condena; la debilita. Toda sentencia debe apoyarse en hechos concretos que no se presten a dudas razonables. No basta que un juez, una sala o una mayoría considere que determinados indicios son “suficientes”. La suficiencia judicial no puede reemplazar la certeza moral y jurídica que exige condenar a una persona a 20 años de cárcel.

La verdadera grandeza de la justicia no está en mostrarse intocable, sino en ser capaz de corregirse sin soberbia. Un tribunal no se debilita cuando admite una duda razonable; se debilita cuando prefiere proteger su propio prestigio antes que acercarse a la verdad.

Chile necesita una justicia firme, pero también una justicia capaz de revisar cuando la duda persiste. Una justicia que no confunda sentencia con verdad absoluta, ni autoridad con infalibilidad.

Por eso, señora Barriga, su propia experiencia puede quedar solo como un reclamo personal o transformarse en una oportunidad moral: comprender que el debido proceso, la dignidad familiar y la presunción de inocencia no pueden defenderse solo cuando afectan a los cercanos.

Porque no basta con pedir justicia cuando el dolor toca la puerta propia. La verdadera prueba ética consiste en pedir justicia también para aquellos a quienes la sociedad ya decidió no escuchar.

Atentamente,

Christian Slater E.

Compañero de curso y amigo de Julio Castañer.

12 de mayo de 2026




CASO DIPRESEC: DUDAS DEBEN ACLARARSE

Se investigaría la eventual participación de funcionarios de seguridad en una detención que culminó con el fallecimiento de un vecino en el Hospital El Carmen.

Misterio y hermetismo marcan el incidente ocurrido este jueves 30 de abril en las cercanías del depósito de vehículos de la Dirección de Prevención Ciudadana (DIPRESEC). Un ciudadano falleció al mediodía tras ser trasladado al Hospital El Carmen luego de una eventual detención. Trascendió que  se realizará la apertura de un sumario administrativo para determinar si personal de Dipresec estuvo involucrado directamente en los hechos.

La confusión que rodea el caso ha generado preocupación en el Concejo Municipal, donde al menos dos concejales han manifestado inquietud. Voces ligadas al hecho aseguran que el ciudadano atravesaba una crisis momentánea al momento del operativo, poniendo en el centro del debate la urgencia de estudiar nuevos protocolos de actuación para situaciones en este tipo de casos complejos.

Como medida preventiva, las instalaciones de Dipresec y el depósito de vehículos permanecieron cerrados entre la tarde del 30 de abril y el 1 de mayo, impidiendo el acceso de funcionarios y vecinos. Esta situación obligó a los patrulleros a registrar su jornada laboral en un punto alternativo del municipio, mientras que la dirección ordenó el traslado de los vehículos al Colegio Manzo de Velasco para evitar incidentes ante el inminente paso del cortejo fúnebre por el frontis de las dependencias oficiales.

La resolución del caso depende ahora de las diligencias encargadas a Carabineros, quienes trabajan en el rescate de las grabaciones de las cámaras de vigilancia del sector y de la propia dirección de seguridad, esperando que los dispositivos se encontraran operativos. Mientras la investigación avanza, el funeral del ciudadano se realizó ayer con la presencia de vecinos indignados que protestaron frente a las oficinas de Dipresec, exigiendo justicia y una pronta aclaración de las responsabilidades involucradas.




FCM: MAIPU PROYECTA INGRESOS POR  $70 MIL MILLONES PARA 2026

El municipio de Maipú se prepara para un 2026 marcado por una robusta inyección de recursos, estimando ingresos que rondan los 70 mil millones de pesos. El pilar fundamental de este presupuesto será el Fondo Común Municipal (FCM), que proyecta un aporte de $50.090.588 (en miles de pesos).

Sin embargo, desde la Subsecretaría de Desarrollo Regional y Administrativo (SUBDERE), a través del Sistema Nacional de Información Municipal (SINIM), han advertido que estas cifras son referenciales y podrían presentar variaciones menores debido a la aplicación de coeficientes de estabilización en los pagos finales realizados por la Tesorería.

Al desglose del presupuesto se suman partidas clave como el Impuesto Territorial, estimado en $8.513.556, y los anticipos por derechos de aseo, que alcanzan los $607.376.

Uno de los puntos que genera mayor atención es el componente del Royalty por equidad territorial, el cual se proyecta en $3.897.764 para este periodo. Esta cifra evidencia una baja cercana a los 200 millones de pesos en comparación con los $4.146.779 recibidos en 2025. No obstante, expertos señalan que este ítem es particularmente volátil, ya que su liquidación final está atada directamente a las variables de producción minera y los precios internacionales de los metales, lo que podría derivar en un ajuste al cierre del año.

La variabilidad en los ingresos es un factor crítico para Maipú, considerando que el Fondo Común Municipal actúa como un mecanismo de redistribución solidaria. Al depender de la recaudación de otras comunas y de factores externos de la economía nacional, el flujo de caja real puede fluctuar. Esta incertidumbre técnica exige que el municipio monitoree constantemente los ingresos por patentes y contribuciones, asegurando que la operatividad de los servicios locales no se vea comprometida ante cualquier ajuste a la baja en las remesas de la Tesorería.

Finalmente, este escenario financiero para 2026 plantea un desafío de gestión para las autoridades locales, quienes deberán equilibrar las expectativas de inversión pública con la realidad de un presupuesto dinámico. Con una base proyectada de 70 mil millones, el foco estará puesto en la eficiencia del gasto y en la capacidad de la comuna para captar recursos propios, mitigando así la dependencia de los factores externos que hoy condicionan las principales fuentes de financiamiento municipal en Chile.




INCENDIO DE RUCOS EN CALLE FERROCARRIL

Se queman unos rucos en Av. Ferrocarril, lugar cercano donde se instala la Feria.

La quema de rucos en el sector sur oriente de la Población Cuatro Alamos alarmó a los vecinos del lugar. El inicio de fuego se estima cerca de las 23:30 de la noche del marte 5 de mayo.

La oportuna llegada de bomberos permitió que este no se extendiera y llegara algo de tranquilidad al sector.

Se desconocen las causas del inicio del fuego.




REVELAN LISTA DE DESPIDOS EN JUICIO CONTRA EL EXDIPUTADO LAVIN

La formalización del exdiputado Joaquín Lavín León ha sacudido los cimientos de la política en Maipú. El juicio, iniciado este lunes 4 de mayo, no solo expone presuntos delitos de fraude al fisco y tráfico de influencias, sino que ha revelado una cruda trama de correos electrónicos de un personaje local que dictaminaba el destino laboral de medio centenar de personas bajo criterios políticos.

La Fiscal Regional Metropolitana Oriente, Constanza Encina, formuló los cargos contra el exparlamentario por un perjuicio fiscal que supera los $100 millones. Estas irregularidades involucrarían gastos ajenos cargados a su asignación parlamentaria y, lo más grave, una injerencia directa en la administración municipal de su esposa, la exalcaldesa Cathy Barriga.

Uno de los puntos más álgidos de la jornada fue la mención de un correo electrónico enviado por Lavín a Barriga y al asesor jurídico Carlos Fairlie. En dicho mensaje se adjuntaba una lista con más de 300 nombres de funcionarios que debían ser desvinculados de la Municipalidad de Maipú, una revelación que en su momento generó indignación pública.

La noticia ha provocado reacciones transversales, incluyendo la de la animadora Monserrat Álvarez en el matinal de TVN, quien cuestionó duramente la “deshumanización” del proceso. “Aunque sea un operador político, son personas”, señaló la conductora, criticando el tono con el que se manejaron los despidos de cientos de trabajadores.

LA EVENTUAL LISTA DE CAMPUSANO

Sin embargo, la intervención de Alejandra Bustamante dejó entrever personajes que influyeron ante la recie asumida alcaldesa. La exdirectora municipal y excandidata a alcaldesa, quien fue destituida durante la gestión de Barriga, reveló la existencia de otros documentos que complican a figuras históricas de la Nueva Mayoría local.

Bustamante aseguró que en los expedientes del juicio figura la denominada “Lista de Campusano”. Se trataría de un listado con 52 nombres entregado supuestamente por Freddy Campusano, excandidato a alcalde de la Nueva Mayoría, para que fueran despedidos por ser seguidores del exalcalde Christian Vittori.

Este antecedente resulta particularmente demoledor para la política maipucina: un candidato derrotado del bloque opositor habría entregado información a la alcaldesa de derecha recién electa para purgar a miembros de su propio sector. Para muchos, esto representa el fin de un liderazgo que prometía renovar la política local.

El texto de la denuncia sugiere que esta colaboración entre rivales políticos buscaba no solo castigar a la facción de Vittori, sino también posicionar a Campusano en una jefatura o dirección. No obstante, el reporte indica que en ese momento el involucrado se encontraba relegado a funciones menores en la Dirección de Tránsito.

La opinión pública y el mundo político local observan con atención si Campusano desmentirá legalmente estas acusaciones. En el círculo político de Maipú se sostiene que, de no existir una querella que refute el contenido de los expedientes judiciales, la veracidad de la lista quedaría confirmada por el silencio.

Este juicio marca un antes y un después en la identidad local de Maipú, una comuna que ha visto cómo su identidad se debilita ante la elección de alcaldes forasteros. Mientras la justicia avanza, los vecinos se preguntan si en futuros cambios de mando aparecerán nuevos delatores en este intrincado tablero de poder.

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62 AÑOS CUMPLIO VILLA FENSA

Este sábado 2 de mayo los vecinos de ese complejo habitacional se reunieron para celebrar el 62º aniversario de la Villa, creada con aportes de la FENSA y ahorro sistemático de los trabajadores, en épocas en que las industrias se preocupaban del bienestar de su gente.

Recuerda un vecino que  durante 25 años pagó su padre 3 mil escudos durante 25 años, sin el reajuste que hoy significa comprar en UF, con Acuerdo de depositar el descuento por planilla de Ahorromet.

Recordaron a vecinos, principalmente al Sr. Reyes que cumplía 89 años, el más antiguo de los vecinos, cantando en coro el cumple año feliz, también se recordaron a vecinos destacados que partieron rumbo al Palacio Celestial, entre ellos un destacado dirigente dela villa: Pedro Salas.

La fiesta se realizó en pasaje Miguel Poclecovic, con Ricardo Ayala; la comunidad aportó con una torta y todo el cóctel.

Los dirigentes se consiguieron con la municipalidad los toldos, el escenario y el cantante Alexis Sólido, pero como no es tiempo de campaña no fue ningún representante municipal.

Una vez retirado el escenario, cerca de las 19: horas, la comunidad alargo la celebración con un bailetón final que se extendió hasta altas horas de la madrugada.




RESTRICCION VEHICULAR A PARTIR DEL 1º DE MAYO

El Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones informa a la comunidad que a partir del próximo 1 de mayo, entra en vigencia la restricción vehicular permanente en la Región Metropolitana.

La medida tiene como objetivo reducir la emisión de contaminantes y mejorar la calidad del aire durante los meses de invierno, extendiéndose hasta el 31 de agosto de 2026. La restricción en la Región Metropolitana comprende el perímetro de toda la Provincia de Santiago, incluyendo las comunas de San Bernardo y Puente Alto.

La vigencia se extiende entre el 1 de mayo al 31 de agosto de 2026, de lunes a viernes (excepto festivos), entre las 7:30 y las 21:00 horas.

AFECTA A VEHICULOS CON SELLO VERDE

Están afectos todos los vehículos  (autos camionetas, camiones y moto) con  sello Verde (inscritos antes de sept. 2011): Restricción de dos dígitos diarios según calendario.

Lunes: 8-9

Martes: 0-1

Miércoles: 2-3

Jueves: 4-5

Viernes: 6-7

4 DIGITOS A LOS VEHICULOS SIN SELLO VERDE

Los vehículos sin Sello Verde y Motocicletas (años anteriores a 2002) tienen restricción de cuatro dígitos diarios y prohibición de circular dentro del anillo Américo Vespucio.
Los vehículos de transporte de carga y buses: Calendarios específicos según su tipo y antigüedad.

Lunes: 6-7-8-9

Martes: 0-1-2-3

Miércoles: 4-5-6-7

Jueves: 8-9-0-1

Viernes: 2-3-4-5

 

El ministerio de Transportes hace un llamado a todos los conductores a mantenerse informados sobre los dígitos diarios para evitar multas y colaborar con la salud ambiental de la ciudad Capital.

Para solicitar excepciones (como vehículos para transporte de personas con discapacidad o salud), ingresa al sitio web oficial: www.mtt.gob.cl/restriccion-vehicular-2026/

En caso de decretarse pre-emergencia o emergencia ambiental, se informarán los dígitos adicionales que se restringirían. Para ello se utilizarán todos los canales informativos y redes sociales del MTT (X, Instagram, WhatsApp y Facebook)

La restricción es parte del Plan de Gestión de Episodios Críticos (GEC), busca reducir la contaminación durante el invierno, con calendarios especiales para transporte de carga y buses.

Como es la costumbre, la fiscalización estará a cargo de Carabineros, inspectores municipales e inspectores del MTT.