Un Presidente no puede gobernar a medias

Sr.

Director

Lo ocurrido con el ministro de Justicia, Fernando Rabat, no es un simple error administrativo. Estamos hablando de 56 rebajas de condena a personas condenadas por delitos sexuales contra menores. Una decisión de semejante magnitud no puede tratarse como un trámite cualquiera.

Rabat ha sostenido que actuó dentro de sus atribuciones y que Kast no estaba informado. Además, justificó su actuación invocando a la Corte Suprema, cuya presidenta tuvo que salir a precisar que el máximo tribunal no había ordenado conceder automáticamente esos beneficios.

 

Si efectivamente actuó por cuenta propia, en buen chileno, Rabat se arrancó con los tarros. ¿Desde cuándo un ministro puede adoptar decisiones de semejante trascendencia sin informar a quien encabeza el Gobierno?

 

Pero hay otra posibilidad: que Kast sí estuviera informado y que ahora Rabat esté asumiendo toda la responsabilidad para evitar que la controversia llegue directamente al Presidente. No hay pruebas públicas que permitan afirmarlo, pero tampoco basta con una declaración ministerial para despejar todas las dudas.

 

Y aquí está el verdadero problema. Si el Presidente desconoce decisiones de esta magnitud, ¿qué autoridad ejerce sobre sus ministros? ¿Qué impide que otros hagan lo mismo en Interior, Defensa o Hacienda? ¿Tenemos un Gobierno conducido desde La Moneda o cada ministro administra su propia parcela de poder?

 

Kast no puede refugiarse detrás de sus colaboradores ni pretender que la responsabilidad termina en el escritorio de Rabat. Ser Presidente significa conducir, supervisar y responder por la actuación política de su Gobierno. No solamente ocupar el sillón presidencial y aparecer cuando las cosas salen bien.

 

La ciudadanía merece explicaciones, pero también merece autoridades que asuman las consecuencias de sus decisiones. Y cuando una crisis de esta naturaleza compromete la conducción, la credibilidad y la autoridad presidencial, no basta con cambiar de discurso ni mantener al ministro cuestionado en su puesto.

 

Kast tiene que hacerse cargo. Si no es capaz de controlar a sus ministros, o si conocía lo que estaba ocurriendo y permitió que sucediera, su responsabilidad política es ineludible.

 

Un Presidente no puede gobernar a medias, delegar las decisiones y eludir las consecuencias. Si no está en condiciones de ejercer la autoridad que le entregaron los chilenos, entonces debe dar un paso al costado. ¡QUE RENUNCIE KAST!

 

Jorge Ravanales Arriagada