CUANDO LA ÉTICA SE SEPARA DE LA POLÍTICA.
Señor Director:
Una vez más, junto con agradecer la publicación de la carta enviada en noviembre de 2025, titulada “Caballa la torta” —una carta ampliamente leída y muy comentada, con reflexiones que generaron un debate valioso entre los lectores— quisiera volver sobre ese texto, no para reiterarlo, sino porque los hechos recientes parecen haberle otorgado una inesperada vigencia.
En aquella oportunidad, la carta no pretendía ser una anécdota local ni una caricatura política, sino una observación sobre una práctica cada vez más extendida: la reducción de la política a la lógica del reparto, de los comandos, de las cuotas y de la “cocina”, donde el cálculo termina desplazando a las convicciones, a la ética pública y a la tradición histórica de los partidos.
Hoy, a poco más de un mes de esa publicación, conocemos la renuncia de Francisco Huenchumilla a la presidencia de la Democracia Cristiana. Más allá de las razones personales o partidarias que él mismo ha expuesto, el hecho no contradice lo planteado entonces; por el contrario, lo confirma. Cuando se rompe la ética interna de un partido y se desdibuja su identidad, incluso los discursos más sólidos terminan chocando con una realidad que no admite demasiados matices.
Como advertía Aristóteles, “cuando la ética se separa de la política, el poder deja de servir al bien común”. Tal vez ahí radique el problema de fondo que hoy atraviesa no solo a un partido en particular, sino a gran parte del sistema político.
El Partido Comunista ensaya hoy un mea culpa; el Frente Amplio parece no encontrar cómo sostener un legado crecientemente cuestionado; y en otros sectores la distancia entre discurso y práctica se vuelve cada vez más evidente. La crisis, por tanto, no es solo de liderazgos ni de coyunturas electorales, sino de ética política en su sentido más profundo.
Tal vez el problema no sea quién se levanta de la mesa, sino por qué la mesa —la torta, el reparto— terminó siendo más importante que las ideas, los principios y la vocación de servicio que alguna vez justificaron la existencia de los partidos.
Christian Slater E.